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Regreso al futuro III (Robert Zemeckis, 1990). Por Xavi López

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En 1955 Marty McFly halla una carta de su amigo Emmett «Doc» Brown, fechada en 1885, en la que le explica que su coche/máquina del tiempo está estropeado; le ruega que lo arregle, pero que no vaya a buscarlo pues se halla muy a gusto en el Lejano Oeste de la fiebre del oro. Sin embargo, Marty descubre que Doc fue asesinado sies días después de remitir la carta, y se ve obligado a viajar al pasado para salvar la vida de su amigo. Con esta premisa empieza la trepidante conclusión de la trilogía iniciada por Robert Zemeckis en Regreso al futuro y Regreso al futuro II
Cuando Robert Zemeckis, director y coguionista de la trilogía y su compañero Bob Gale, tras el enorme éxito de Regreso al futuro empezaron a preparar una secuela, comprobaron que tenían material suficiente como para rodar dos películas y que, además, las vicisitudes y aventuras que deseaban plasmar en imágenes no podían ser condensadas en un solo film, so pena de hacer su lectura visual excesivamente farragosa. Fue entonces cuando decidieron rodas dos películas, una tras otra, y afrontar el peligro de que la segunda parte finalizase de forma un tanto abrupta y dejando en el aire algunos cabos sueltos. 
En palabras del propio Zemeckis: «Saber que podía completar la saga de Marty y Doc en dos películas fue una de las razones por las que me atrajo rodar las secuelas. Cuando engarzas las tres películas juntas, funcionan como una trilogía completa. Éramos conscientes de que afrontábamos un riesgo dejando algunas preguntas sin respuesta al final de la segunda parte, pero todo quedaba aclarado en la tercera parte. Por ello planeábamos estrenar la Tercera y última parte sólo seis meses después de la distribución de la Segunda. Nos pareció poco honesto hacer esperar al público durante un año»
Tras los cinco durísimos meses de rodaje de la segunda parte de las aventuras de Marty y de Doc, que tienen lugar en el futuro, todo el equipo empalmó su trabajo en la producción. Durante cinco meses más, aún más agotadores si cabe, el último capítulo de la trilogía, en el que el joven aventurero y su amigo, el inventor chiflado, se ven inmersos en un mundo, el del Lejano Oeste, del que sólo conocen a través de las películas. 
Pese a que ese sea el marco en que se desarrolla la historia, Robert Zemeckis insiste en que «la película no es un western». Y ello es claro, lo vemos. El espectador menos avezado puede ver, gracias a la gran ambientación guiños al sr. Ford en Monument Valley y la magnifica fotografía, que no estamos ante un western sino una película de aventuras, una película sobre un viaje en el tiempo. Esto es claro, y las referencias respecto a ello son claras, un chico de los años ochenta cuyas ideas sobre el Lejano Oeste se basan exclusivamente en las películas de Clint Eastwood, que ha visto en televisión, y se ve transportado a 1885, lo que aporta toda una nueva dimensión al género. 
Es curioso el hecho que lo que ve el chico, cuando se traslada al Lejano Oeste, y las «influencias» que recibe de su pasado, no es lo mismo que él percibe en 1885. Huelga decir que las comparaciones son odiosas pero el traje que lleva y los ropajes que visten en la época distan mucho entre sí. 
Es en este momento en que nos damos cuenta de un hecho que sería consustancial a films que en un futuro veríamos. La representación que vemos del género western en las películas se asemeja más a la visión que de ello tiene Sergio Leone más que de la limpia y nítida que tenía John Ford. Eso sí, sin desmerecer de ésta puesto que los paisajes son propiamente fordianos.


Es precisamente lo que cuenta Regreso al futuro III que subyace en la producción original del film. Los orígenes del western. Los personajes en lugar de ir al «Futuro»/«Presente», viajan al remoto pasado, es decir, al pasado, a sus orígenes al de sus antepasados, al de los colonizadores. Durante la filmación del original, el Zemeckis le pidió a Michael J. Fox que período le gustaría ver a él. Fox le contestó que él quería «visitar» el Viejo Oeste y conocer a los «cowboys». Zemeckis y Bob Gale estaban intrigados con la idea, por lo que consideraron la idea para la tercera parte. 
A diferencia de usar sets de rodaje ya existentes, los productores construyeron un Hill Valley construido en 1885 a partir de cero. Las escenas de western se rodaron en Monument Valley, al más puro estilo de John Ford; mientras que algunas escenas de la filmación del actual Hill Valley se rodaron en Jamestown, California y en un set creado exprofesso en Sonora, California. Las escenas del «tren» se filmaron en el Parque Estatal Historico de Railtown 1897, una línea histórica de tren de Jamestown. 
Mientras que la idea original de la película toma forma de un tono más material, Zemeckis considera la tercera parte de la trilogía más como un «viaje humano» con tonos espirituales que como una película de viajes en el tiempo. En cierto modo, lo podemos advertir a medida que lo vamos viendo en el carácter de Marty y Doc. Más en Doc que en Marty, puesto que el segundo va en busca de su amigo, aún teniendo el propósito y la seguridad de un futuro/presente acomodado mientras que el primero, Doc, tiene un pasado/presente, plácido —recordemos la carta que le envía a Marty en la que le insiste en que no vaya a buscarle—, pero que no tiene nada en su actual presente que es por lo que quiere pertenecer en el pasado. Puede que todo lo explicado no tenga sentido, pero, una vez visto el film esto último, ciertamente cobra sentido.
La filmación de las secuelas de Regreso al futuro a través de 1989 reunió a gran parte del elenco original. Las películas se rodaron a durante once meses a excepción de un hiato de tres semanas entre las ambas partes. 
Lo más complicada fue editar la segunda parte con la tercera, por lo que a Zemeckis le llevó un período de proceso de tres semanas. Mientras éste rodaba las escenas del «tren» en Sonora, Gale se encargaba del sonido de las escenas de la segunda parte en Los Ángeles. 
Esta vez había un especial interés en rodar sobre la vida de Doc Brown, más que sobre el otro protagonista de la saga, Marty McFly. Eso si, sin desmerecer de este. Doc, supone en esta última un punto de origen y desarrollo a diferencia del primero que tiene dos películas en que mantiene protagonismo. En esta tercera parte, la figura del amigo/mentor cobra un protagonismo especial puesto que su origen un ejercicio de retrocontinuidad es aclarado y expandido. Su figura de «científico loco» y excéntrico se encuentra reconciliada con la realidad que le rodea, a la vez que encuentra un alma gemela en la persona de Clara Clayton (Mary Steenburgen), con la que se reconcilia con la realidad. 
Es precisamente que el papel de Clara fue escrito con la actriz en mente. Cuando Steenburgen recibió el guión, era reticente a participar en ello hasta que sus hijos la persuadieron para que aceptara el papel. Por su parte, Lloyd realizó su primer beso en pantalla con ella, mientras que, la escena del baile en el Festival de Baile de Hill Valley, supuso una parte muy «peligrosa» de la filmación, ya que Steenburgen se rompió un ligamento mientras se realizaba el rodaje. 
La película también contó con veteranos del westen como Pat Buttram, Harry Carey Jr. y Dub Taylor como los «tres viejos del Saloon». La inclusión de actores de western clásico fue motivo de promoción en la audiencia, así como parte del obituario de los actores. La música del Lejano Oeste fue interpretada para el film por la no menos legendaria banda de rock ZZ Top.


Por su parte, Alan Silvestri, encargado de la banda sonora y colaborador habitual de Zemeckis volvió a colaborar con éste para la música. A diferencia de dictar como debía componer el «score» Silvestri, Zemeckis dirigió a Silverstri como si éste se tratara de de un actor, buscando evocar la emoción y tratando cada pieza musical como a un actor en sí misma. Para la fotografía, como ya se ha citado anteriormente, se contó con Dean Cundey, quien coincidió en asegurar que al igual que con el resto del equipo que rodar el film fue un sueño. Los productores querían crear una película colorida, un espectáculo vibrante en cada escena por lo que se insinúa un tono sepia en cada una de las tomas. El mismo Zemeckis quería crear un clímax espectacular para el film que es por lo que coordinó a los actores, la filmación en vivo del tren y los efectos especiales del film y técnicos todos a la vez. 
Regreso al futuro III es algo más que una película de aventuras al uso. Es un homenaje al cine y al western. A los pioneros que llegaron a América la referencia al Brown/Von Brown—, a las diferencias entre lo que se imaginaba en el 55 con los trajes de lentejuelas y lo que era el Salvaje Oeste de 1885. A lo que era el western de Ford y lo que era el Western de Leone. Regreso al futuro III es deudora de los grandes clásicos. En definitiva, es aventura en estado puro.

Invasión (David González Rudiez, 2015)

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La productora Rojo Camaleón nos presenta, de la mano de su director David González Rudiez—ganador del premio al Mejor Director del pasado Notodofilmfest—, este corto de terror protagonizado por Carlos Algaba. Digo terror porque, a pesar de sus escasos dos minutos, consigue hacerte pasar mucho miedo. No os imaginéis que recurre al clásico terror y el gore, no; Invasión se nutre de una visión del miedo más actualizada, en el que no asusta más por ser más asqueroso, sino porque consigue introducir una situación de horror en la cotidianidad del público. 
El protagonista de esta historia es un hombre que, como muchos de nosotros, está disfrutando de una noche de televisión, cuando, de repente, recibe una imagen por Whatsapp en la que se ve a él mismo por la espalda. Asustado, mira hacia atrás y no hay nadie. Al investigar por su casa, que ya no le resulta tan segura como suponía mientras veía la televisión, descubre que alguien ha entrado y sus intenciones no son precisamente buenas.
En este sentido, no podemos negar, que la solitud de nuestras casas, a veces, puede darnos miedo —cuantos habremos abierto una luz de golpe para asegurarnos que estamos solos, o cuantos nos hemos asustado al ver un montón de ropa sobre una silla al contraluz de la ventana—, e Invasión se aprovecha de ello.
Con una puesta en escena más que correcta, en la que prescinde del diálogo, este corto juega con las nuevas tecnologías, y no las de las grandes películas de ciencia ficción, sino con las que usamos cada día, como los servicios de mensajería instantánea, convirtiéndolos en una herramienta para acrecentar el miedo en la víctima-protagonista y en el público.
Una vez más, vemos como un corto bien realizado consigue dejarnos más satisfechos que algunos grandes largometrajes. Sin embargo, no os recomiendo que veáis Invasión una noche que estéis solos en casa, porque os aseguro que no vais a poder pegar ojo.

The Call of Cthulhu (Andrew Leman, 2005)

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Tras la muerte de su tío, un hombre entra en el círculo vicioso de la última de las obsesiones del difunto, el culto de Cthulhu. Llevado por unas ansias infinitas de saber, el hombre investigará los papeles y apuntes de su tío para descubrir un misterioso y terrorífico mundo de antiguos mitos y leyendas que han llevado a la locura y a la muerte a todos aquellas que han osado acercarse más de lo debido. 
Siguiendo el planteamiento del relato original de H. P. Lovecraft —siendo unas de las adaptaciones más fieles a sus textos—, la H. P. Lovecraft Historical Society produce su primera película y no lo hace de cualquier manera. Sacando provecho a un escaso presupuesto, The Call of Cthulhu fue rodada como si se tratara de una película de los años veinte —por eso de asemejarse a las películas de la época en la que fue escrita el relato—, convirtiendo una película de principios del siglo XXI en una de principios del XX. En este sentido hay una cosa que se tiene que admitir, como película clásica cuela y bastante, asemejándose a clásicos del terror impresionista como El gabinete del doctor Caligari o El golem. Sin embargo, como sucede con muchas de estas producciones de limitado presupuesto, tiene defectos que nos recuerdan de que tipo de película se trata. Por un lado están las limitadas interpretaciones —seguramente yo lo haría peor, pero este no es el caso— que le quitan valor a este mediometraje; y por el otro tenemos ciertos planos que desentonan con el conjunto de la película, haciéndole perder ese aire retro en el que quiere sumergirnos. 
A pesar de todo ello, y teniendo en cuenta lo difícil que es llevar al cine una historia de Lovecraft —ya que el autor juega con nuestra imaginación y en el cine eso es algo difícil—, el resultado es más que satisfactorio siendo uno de esos interesantes experimentos que de vez en cuando nos regala el cine independiente.

Lovecraft (Hans Rodionoff, Keith Giffe & Enrique Breccia, 2004). Por Nyarlathotep

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«Como todas las cosas, esta comienza en la oscuridad»… Comienza con las siniestra, oscura y sorprendente imaginación de un hombre; cuyos límites de su mente entre el mundo real y onírico se transcribieron, y formaron el universo con las criaturas más sorprendentes, terribles y demenciales que hubiesen podido existir en la literatura. Un hombre cuyo ingenio y genialidad lo llevó a experimentar la débil línea que existe entre la cordura y la demencia total; de esta manera, él fue capaz de desfigurar los límites existentes de la realidad, ver más allá de lo establecido, crear y hacernos experimentar el verdadero horror cósmico. Bueno, para los entendidos ya sabrán que el hombre del que estoy hablando es el gran escritor Howard Phillips Lovecraft —H. P. Lovecraft—, principalmente conocido por grandes obras como los son La llamada del Cthulhu, El Necronomicón o El horror de Dunwitch, entre otros. De esta forma escribiendo libros con nombres y personajes extraños, que trataban de seres extraterrestres, pero que incorpora elementos sobrenaturales; nacieron las más grandes deidades que se convirtieron en iconos del horror cósmico, entre los que destaca principalmente Cthulhu, Azathoth, Shub-Niggurath y Yog-Sothoth entre otros. Y estos pasaron a formar un elemento constituyente del universo «lovecraftiano»; el cual, a pesar de haber transcurrido un buen tiempo de su creación, sigue siendo una parte influyente de la cultura pop, que se ha expresado ya sea mediante la literatura, las películas, la música, los videojuegos y juegos de tableros, animes, etcétera.
Si sentiste curiosidad y te hiciste preguntas acerca de ¿cómo un simple mortal puede crear tales atrocidades? ¿qué clase de vida pudo haber tenido este hombre? ¿cómo se inspiró para crear seres de pesadillas? ¿qué lo impulso a crear abominaciones contra la razón y la moral humana?… Te invito a leer esta gran novela gráfica, que se enmarca en mostrarnos la vida de Lovecraft, desde su nacimiento hasta su adultez, destacando todo lo que sucedía alrededor de este enigmático hombre, los trabajos que tuvo, sus relaciones tanto familiares como sentimentales y, obviamente, su camino para ser uno de los grandes escritores de los últimos tiempos; de esta forma para no hacer spoilear, veremos que entre la realidad y fantasía, entre la razón y la locura, este apasionante relato nos mostrara la biografía ilustrada de este genio creativo; la cual nos llevara a observar y vivir la experiencia de la lucha de un hombre con un gran intelecto versus sus demonios internos. Los cuales si es que son reales o no quedaran a tu elección; pues como verás, este obra es de doble lectura, en la cual la primera vez la podemos leer como un historia con hechos objetivos, es decir, que tienen lugar en un mundo «real» y que por lo tanto son situaciones que vamos viendo que suceden en la vida de Lovecraft; y otra como hechos subjetivos del protagonista, en la cual nos adentramos en las retorcidas fantasías de un genio demente y por lo tanto vivimos sus desvaríos de la realidad.
Bueno, en relación a esto último, sea cual sea la opción que elijas, te aseguro que pasaras un rato entretenido e interesante; además si es que aún no eres seguidor de Lovecraft de seguro que habrán seres, personajes o lugares que te llamaran la atención, y por lo tanto quizás te motives a ir a buscar a tu biblioteca más cercana obras literarias de dicho autor para profundizar más en el tema que te llamo la atención.
Con respecto al arte podemos decir que este cumple con creces en complementar el guión, pues le aporta mucha profundidad a la ambientación en la cual nos intentan situar, de esta forma el ambiente se forma envolvente con una adecuada complementación de colores, los cuales en su tonalidad y estilo generalmente opacos nos hacen sentirnos en el pasado en un ambiente bastante lúgubre. Además es importante mencionar que en esta obra, los dibujos de los personajes son bien definidos con sus rasgos y detalles; pero algo que quiero destacar son las deidades o seres extra-dimensionales que existen en universo lovecraftiano los cuales son realizados de una manera ambigua o poco concreta, sin características o formas definidas, pues como verás muchos de estos seres, tal como están descritos en los libros u otros escritos, quedan a la interpretación del artista, en los cuales algunos se les ha logrado dar una forma estable a través del tiempo, pero sin embargo, hay aspectos que quedan más bien sin definir y, por lo tanto, es propio del dibujante en este caso brindarle su interpretación y adaptación de manera que complemente lo narrado.
Finalmente, no tengo nada más que decirte salvo que si eres seguidor de Lovecraft —o aún no lo conoces—, te invito a leer esta gran obra; la cual te mostrara de una forma interesante el mundo de horror de Lovecraft; pues no todos los autores tienen el lujo de haber creado una mitología tan rica e interesante; pero a la vez tan rara y extraña, y poder plasmarla de una adecuada manera de tal forma que su influencia trasciende culturas y generaciones. Y además no todas las personas tenemos la suerte de encontrarnos con obras que nos muestran relatos tan cautivadores, que nos permitan sumergirnos en las fantasías de un escritor, y sus propios demonios internos. Pues esto será una experiencia nueva, la cual te guste o no, te hará conocer las potencialidades de la narrativa, en relación a que comprenderás lo increíble que puede ser el mundo interno de una persona; y como este puede trascender gracias a la escritura.

Escrito por Nyarlathotep para How to Arsenio Lupín.

The Martian (Ridley Scott, 2015)

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Tras rescatarlo en el campo de batalla tras las líneas enemigas en Salvar al soldado Ryan, y tras despertarlo de un criosueño en un planeta lejano en Interstellar, nuestro querido Matt Damon se vuelve a quedar perdido, esta vez en nuestro planeta vecino, Marte.  Si amigos, otra vez tocará ir a rescatarlo, aunque en esta ocasión, el bueno de Matt será capaz de arreglárselas él solito en un planeta desértico cuya vida es imposible.
Esta vez Ridley Scott parece que se ha puesto las pilas, tras el desastre de su última peli Exodus: Dioses y Reyes y el gran fail que supuso Prometheus, ahora por fin podemos ver una peli digna, a la altura de las mejores suyas.
Basada en la novela de Andy Weir de 2011 El marciano (The Martian), The Martian es una peli muy bien construida y que entra por los ojos, en seguida te pone en situación para mostrarnos de lo que realmente trata, la supervivencia en un planeta hostil. Nuestro protagonista deberá usar todos sus conocimientos para subsistir todo el tiempo posible, ya sea cultivando alimentos, generando agua y oxigeno, etc. Ya que mientras, en la tierra, los líderes de la NASA tratan de buscar una solución que sea capaz de traer al astronauta sano y salvo.
En esta década podemos decir que hay dos películas que han marcado una clara referencia en lo que a ciencia ficción se refiere, evidentemente me refiero a Gravity y a Interstellar. Cada una tiene un estilo particular. Gravity es más angustiosa y más directa, Interstellar es más profunda y filosófica, pero ambas son dos obras de arte. En The Martian es como si se hubieran quedado a mitad de camino de las dos, tiene pequeñas sutilezas de cada una mezcladas con el estilo propio de Scott. Nos ofrece una visión muy realista del futuro de la ingeniería espacial.  
Prácticamente las dos horas que dura la película se basan en ver como Matt Damon intenta sobrevivir en ese inhóspito lugar. A priori puede resultar agobiante y cansino pero nada más lejos de la realidad. La película se vuelve muy entretenida gracias en especial al sentido de humor de nuestro protagonista. Como si de Bear Grylls se tratara, irá mostrándonos los trucos y técnicas para poder desenvolverse en ese lugar. Su humor y sus ganas de vivir son lo que le dan esa chispilla a la película. Eso puede resultar chocante, ya que seguramente muchos de nosotros en esa situación no estaríamos tan contentos. -Yo estaría en una esquina del módulo espacial de rodillas gritando voy a morir-. Pero claro la peli sería mucho más corta y aburrida. Así que dotar de carisma al protagonista era un recurso más que necesario. Por otro lado tenemos todo lo relacionado con lo que pasa en la tierra. La NASA buscando soluciones y hablando con los medios de comunicación. Esta parte es la que como no, el sentido patriota y más americano realzan la película. Parece que son los únicos que pueden hacer algo, aunque esta vez con la ayuda de la agencia espacial China. Para abrir lazos mas que nada.
Quizá como punto negativo, si es que podemos llamarlo negativo, es que a nuestro protagonista, a pesar de estar en una situación crítica, casi todo le sale bien, no hay demasiados contratiempos tal y como el cine nos ha marcado, da la sensación de que siempre tiene pasar algo malo, aquí obviamente pasan algunas cosas malas pero no es una sucesión de gafes tal y como vimos en Gravity. No transmite el peligro que una situación como esa debería de dar, del mismo modo que tampoco hay una trama profunda ni existencial. Y menos mal ya que no lo necesita, no es su estilo.
En definitiva The Martian es una muy buena película que junto a Interstellar y Gravity (¿las he nombrado ya?) copan el pódium, siendo estas dos últimas para mi gusto mejores, del género espacial de ciencia ficción de los últimos tiempos. Todo lo que se haga de aquí en adelante será comparado y juzgado con estas tres.


Tarantino Unchained. Por Francesc Marí

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«Cuando la gente me pregunta si fui a la escuela de cine les digo: “No, fui al cine”».

Y debe ser así, porqué se nota cuando uno ve una película de Tarantino, que este hombre ha visto mucho cine y tiene claro lo que le gusta.
Cualquiera podría decir que la única gracia de las películas de Tarantino es la sangre y la violencia extrema, sin embargo, se estaría equivocando al concentrar todo el estilo de este realizador en un solo elemento de los que le caracterizan. Si se tuviera que escoger una sola de las características de su estilo —que por suerte es algo que tenemos que hacer—, debería escogerse su especial habilidad en la mescolanza de géneros muy dispares. Repasando su filmografía —tanto como director como guionista— veremos que ha trabajado suspense, cultura pop, humor, blaxploitation, ninjas y samuráis, grindhouse, bélico, western, vampiros, gore y un largo etcétera. Y lo mejor de ello es que no lo ha hecho cogiendo cada vez un género diferente, ni mucho menos, sino que se ha dedicado a mezclarlos, incluso dando lugar a diferentes estilos de rodaje, según si en esa escena utilizaba uno u otro. En este sentido, Kill Bill es el ejemplo más claro de este coctel de géneros, ya que en una sola película —para aquellos que no lo sepan la intención de Tarantino era estrenar las dos partes juntas— tenemos elementos de las películas de samuráis, películas de ninjas, thrillers de acción, escenas realizadas como anime, y todo ello ambientado en el suroeste de Estados Unidos, escenario típico de westerns. Por otro lado, referente al cambio de estilo de rodaje según la escena, encontramos Malditos Bastardos, en la que se cruzan varias historias y se llevan a cabo de forma distinta —cambiando enfoques, fotografía, banda sonora, etcétera— según si se narra la historia de Aldo Raine, más del estilo de las películas bélicas clásicas, como Los violentos de Kelly (Brian G. Hutton, 1970) o Doce del patíbulo (Robert Aldrich, 1967); mientras que las escenas protagonizadas por Shoshanna son llevadas a cabo de forma más drámatica e intimista, acorde con la historia que se está contando. Es por esto que Tarantino tienen ese algo especial, esa misteriosa habilidad, en convertir las tramas e historias clásicas de la Serie B—kung-fu, ninjas, western, vampiros—, en grandes éxitos del cine.
Venga, va, ahora hablaremos de la sangre. Bien es sabido que Tarantino tiene una tendencia natural a usar en exceso la sangre, llegando al extremo que tuvo que poner en blanco y negro la escena de «Los 88 maníacos» de Kill Bill para pasar la censura americana. No puedo negar que sin los litros de sangre, muchas veces exagerados —como sucede en la escena del tiroteo en casa de Calvin Candie, en la que la sangre sale a borbotones de los cuerpos, incluso cuando están muertos, siguen soltando grandes chorros de sangre cada vez que reciben un balazo—, el cine de Tarantino no sería lo mismo. Pero lo que siempre me he preguntado, ¿le hacen algún tipo de oferta en sangre falsa? A ver, visto como un negocio, si yo fuera un fabricante de sangre falsa haría lo que fuera para conseguir un contrato en exclusiva con este tío, porque literalmente me haría de oro. Pero volviendo a la sangre y la violencia, ya clásicas del estilo de Tarantino, es algo que le ha granjeado gran número de críticas, muchos porque no entendían el motivo de su uso y muchos otros por tener miedo que esta violencia, supuestamente gratuita, desembocara en violencia real… ¡Es que nadie piensa en los niños! Pero, por un segundo, imaginémonos como sería Django Desencadenado sin la sangre y la violencia, o Malditos Bastardos, o Reservoir Dogs… ¡O Pulp Fiction! Seguramente se hubieran convertido en cintas carentes de sentido, ya que muchas escenas e historias de Tarantino no se entenderían sin todos esos litros de sangre saliendo a chorro de todas partes. Sin ir más lejos, la mítica escena en la que Michael Madsen corta la oreja a Kirk Baltz en Reservoir Dogs, fue tan fuerte que incluso la gente abandonaba la sala por no poder soportarla, incluso Rick Baker, especialista en efectos de maquillaje, tuvo que dejar de ver la peli porque, como él mismo afirmó: «la violencia de esa escena era enervante por su alto grado de sensación de realismo».
La pregunta que supongo que todos os estaréis haciendo —y si no lo hacéis, deberíais—, es ¿de dónde ha salido todo este imaginario que ha utilizado Tarantino en sus películas durante más de veinte años? Pues es algo muy sencillo, y que hace referencia a su escuela, el cine. A pesar de haber nacido en Knoxville, Tennessee, desde que tuvo dos años Tarantino creció y se educó al sur de Los Ángeles, en un barrio con un alto grado de mezcla étnica, estando expuesto a un gran número de influencias y culturas populares. Para colmo, cuando tuvo quince años abandonó los estudios para dedicarse en cuerpo y alma a tomar clases de actuación. Además, Tarantino creció en un lugar en el que las salas de cine todavía proyectaban un sin número de películas de kung fu, artes marciales y una larga lista típica de la serie B, y terminó trabajando en un videoclub, en el que discutía día y noche de cine, a la vez que recomendaba películas a los clientes, y se fijaba con ávido interés el tipo de películas que le gustaba alquilar a la gente. No es de extrañar pues, que después de recibir esta curiosa y ecléctica educación cinematográfica, el tipo de cine que ha escribe, dirige y produce este realizador tenga un estilo tan característico.
Tarantino es uno de los maestros modernos del cine, ya que con solo siete películas estrenadas hasta el día de hoy ha conseguido hacerse un hueco entre los grandes del cine de todos los tiempos. ¿Qué cómo sé que es un maestro, un autor que dirían algunos? Pues muy sencillo, porque le odias o lo amas, pero no te deja indiferente. Igual que sucede con Alfred Hitchcock o Woody Allen, Tarantino o te gusta mucho o no te gusta nada lo que hace, y es normal, porque su cine tiene un sello muy identificativo, y no me refiero solo a la sangre y la violencia, sino también al tipo de historias que narra y como lo hace, de esa forma tan poco convencional que lo ha convertido en lo que es, simplemente… Tarantino.

Harry Potter y la piedra filosofal (J. K. Rowling, 1997)

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Tras unos peculiares sucesos acontecidos por todo el mundo, tres personajes aún más peculiares dejan a un bebé con una cicatriz en forma de rayo en la frente, ante la puerta de los Dursley, unos humanos sin nada de especial. Ese bebé, con los pasos de los años, se convirtió en Harry Potter, el sobrino de los Dursley, aunque no lo trataran como tal. Era más como un animal que no quieres ver, que no una persona. Los Dursley tenían reparo a que hiciera las mismas cosas raras que hacían sus fallecidos padres, sin embargo, durante toda su vida, un sinfín de extraños e inexplicables sucesos tuvieron lugar alrededor del pequeño Harry. Para ser sinceros, la vida de Harry era horrible, pero todo cambió cuando recibió una extraña carta. Una carta en la que decía que había sido aceptado en la escuela de magia y hechicería de Hogwarts.
De repente, todas las verdades mágicas que los Dursley le habían escondido, se descubrieron para Harry, era hijo de magos, y, sin saber cómo, había vencido al señor de las fuerzas del mal, el temible Volde… ¡Perdón! El Innombrable. Con el cambio de vida, Harry resulta ser rico, tener amigos y, lo más importante, no tiene que aguantar día tras día a los odiosos Dursley, ya que ahora le tienen miedo.
Pero si las cosas fueran así de sencillas. Sin saberlo exactamente, Harry se ve involucrado en un extraño misterio que rodea a Dumbledore, el director de Hogwarts, a Snape, el profesor de pociones, y un pequeño paquete que Hagrid, el guardabosque de Hogwarts, ha retirado del banco de Gringotts… Y hasta aquí puedo leer.
Tampoco quiero alargarme demasiado con el argumento ya que, hoy en día, son pocos los que no conocen por donde van las desventuras de este joven mago que ha conquistado el mundo de la literatura y el del cine. Sin embargo, al acercarme a él de nuevo, me gustaría hacerlo siendo consciente de ello. Me explico, un servidor leyó este libro cuando salió la edición traducida —si fuera hipster-potteriano diría algo así de «yo ya leía Harry Potter antes de que fuera mainstream»—, por lo que se puede decir que, a la práctica, tenía la misma de edad del protagonista, facilitándome —al igual que otros muchos y muchas de mi edad— sumergirse del todo en el mundo que nos presentaba Rowling, y sintiéndome uno más en la aventura. En ese momento, primero leí el libro y después vi la película, pero, a posteriori, por comodidad o por el hecho que cada año teníamos libro o película nueva, si no las dos cosas, la primera entrega se quedó en el olvido, teniendo más presente la película que el texto de Rowling. Por eso, ahora, cuando releí mi viejo ejemplar fue como redescubrir el mundo de nuevo.
Sin bien las películas nos han permitido tener de forma física y visual toda la magia de los libros, también han acabado con uno de los pilares de estas novelas, la imaginación que despertaban en las mentes de sus lectores. Cuando uno se leía estos libros todo era muy diferente a lo que se cuenta en la película, dejando de lado cambios argumentales —que releyendo descubres que son unos cuantos—, había cosas que el cine, literalmente, se ha cargado. Por ejemplo, Harry Potter no tenía el aspecto de Daniel Radcliffe, sino el de uno mismo —alguna ventaja debía tener el cabello negro y las gafas— o el de una persona que crecía en nuestra cabeza. Los techos de Hogwarts eran tan altos como pudiéramos imaginar y el quidditch tan trepidante como quisiéramos que fuera.
Seguramente, estaréis pensando que soy de esos que dicen lo de «los libros son mejores que las películas»… ¡Pues no! Pero sí que son muy distintos, incluso el ritmo al que avanza la historia es diferente, el paso del tiempo es más palpable en las páginas que en los fotogramas.
Incluso ahora, cuando los que leímos por primera vez este libro ya casi tenemos la edad de Harry en el controvertido capítulo de «19 años después», volvemos a hacerlo, es imposible volver a imaginarse cruzando la pared de la estación de King’s Cross; viajando en un tren a vapor; comiendo grageas de todos los sabores o ranas de chocolate —yo sigo esperando poder coleccionar los cromos de los magos famosos—; siendo escogido por el Sombrero Seleccionador—no nos engañemos, todos sabemos a qué casa desearíamos pertenecer… ¡Aupa Ravenclaw!—; o asistir a las más increíbles clases entre los gruesos muros de un colegio que está vivo y repleto de fantasmas; entre un sinfín de cosas más.
Además, Harry Potter y la piedra filosofal tiene algo que ninguno de los otros libros o películas tiene, y es que el primero. Puede que te guste más otra de las aventuras, o creas que está mejor escrito otro de los libros, pero este tiene un elemento mágico que no le podemos negar y tampoco le podemos atribuir a los demás: fue el libro que nos descubrió todo un mundo mágico, donde las cosas más impensables eran posibles y todo se solucionaba en un duelo con varita.
Puede que a nivel literario no sea una obra maestra —tampoco quiero meterme muy en este tema ya que un servidor tampoco es Premio Nobel de Literatura, así que no soy quién para juzgar la forma de escribir—, sin embargo la capacidad evocadora de Harry Potter y la piedra filosofal es infinita, tanto por los personajes que nos presenta, como por la historia y, sobre todo, por el universo que abre ante nuestros ojos —o, mejor dicho, que se oculta de nuestros tristes y muggles ojos—, consiguiendo que una generación tras otra sueñe con recibir una misteriosa carta diciéndoles que han sido aceptados en Hogwarts.

Batman: La broma asesina (Alan Moore, Brian Bolland & John Higgins, 1988). Por Ñoño Cool

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«La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido». — H. P. Lovecraft.

Uno de los mejores trabajos de Alan Moore y considerada por muchos como la mejor historia del Joker—excepto por Moore mismo que la odia—, La broma asesina es una novela gráfica influencial como pocas, tanto en el medio de los cómics como en Batman en si. Los creadores de The Dark Knight del 2008 así como Tim Burton para su film en 1989 se han influenciado de este, e incluso hay guiños a esta en la serie de videojuegos Arkham Asylum City e Origins por nombrar algunas cosas. Es además mi historia favorita del payaso psicópata, y tal como Watchmen y The Sandman es un cómic que leo y releo cada vez que puedo. Publicada en 1988 nos cuenta el origen del Joker, o al menos una versión de su origen.
Sí, esta es una historia de «origen» del que tal vez sea el villano de ficción más interesante jamás creado, pero yo no me la tomo como tal, no es su génesis definitivo pues el mismo Príncipe Payaso del Crimen admite que ni él está seguro cual versión de su nacimiento es la real. Esta versión es usada a mi gusto más para sustentar el drama psicológico que como un inicio canónico, para mostrarnos que fiel a su psicosis el Joker no quiere aceptar la responsabilidad de sus acciones y necesita probar que cualquier hombre puesto bajo la presión necesaria se volvería loco.
Este «experimento» lleva a uno de los momentos más chocantes de la historia de DC Comics—el cual ha resurgido a la luz de un cariz diferente a raíz de una polémica portada variante—, un evento que afectó la continuidad de Batman por más de quince años y fue hecho de una manera tan casual y sin drama por parte del Joker. Simplemente, la levedad con la que realizó una acción tan importante deja en claro la naturaleza del personaje.
Nuevamente, diré que si abordan The Killing Joke como una historia de sus comienzos a mi gusto lo están viendo mal. Pues si bien exploramos sus motivos, su psique y la dinámica entre él y el Caballero Oscuro; es todo una excusa para explorar la misma naturaleza humana, que todo lo que separa al Joker de cualquier persona es simplemente un muy mal día.
El Joker se medirá en una carrera contra el tiempo con Batman mientras este irá a jugar con dos de los aliados más cercanos del murciélago el comisario James Gordon de la DPGC y su hija Bárbara Gordon. Si el Joker puede hacer que el comisario Gordon se transforme en un loco delirante, entonces Joe Kerr, Jack Nappier, John Doe o como se haga llamar, tendría la razón en el asunto. Una historia tan simple como poderosa, emocionante, atrevida y muy psicótica. 
Sin embargo Gordon sobrevive toda la tortura con su sanidad intacta probando que hay algo enterrado profundamente dentro de cada perturbado, una chispa de locura, que simplemente espera para el momento perfecto para encender un incendio. ¿Son los horrores de un acontecimiento particular que hacen un hombre pierda la cordura o su demencia es algo profundamente dentro del hombre mismo?
El contraste entre Jack Napier y el Joker es una genial adición al cómic que nos permite ver la evolución y desarrollo del personaje, y aunque su pasado no fuese real los flashbacks fueron excelentes porque el contraste con las escenas del presente que las preceden nos permiten ver el génesis de los personajes y los elementos que jugarán un rol a futuro para comprender mejor desde donde viene y por qué actúan de esa forma. Moore entiende algo que tantos escritores parecen pasar por alto: los payasos son inevitablemente gente miserable. Detrás de la sonrisa de cada payaso hay una historia triste, y el Joker no es diferente. Aunque es un asesino de masas implacable y brutal, el Joker se muestra como una figura vulnerable y patética, atrapado en un ciclo de violencia al igual que Batman.


Además La broma asesina es una buena exploración de la psique del Caballero Oscuro y su compleja relación con su némesis. A pesar de que el murciélago sale en escasas viñetas —pues este comic es totalmente del Joker—, sus segmentos en el cómic permiten una gran cantidad de progresión en la relación entre el Príncipe Payaso del Crimen y su némesis, y nos los muestran más parecidos de lo que Bruce quiere admitir. 
Esta lucha física y mental entre Batman y el Joker fue el punto de inflexión para Bárbara Gordon quien por lo que el Joker tan feliz y ligeramente hizo, cayó directamente en una silla de ruedas. La forma en cómo se trata a Bárbara es el elemento más polémico en toda esta historia, ya que si bien esto catalizó una transformación desde Batgirl a una muchísimo más interesante y capaz Oracle, en esta historia ella continuaba una «moda ochentera» de hacer que las mujeres sufriesen destinos horrendos para que el héroe de turno canalizase su furia hacia el villano con mucha más fuerza, lo vimos con la novia de Kyle Ryner descuartizada en el refrigerador, la paliza y abuso sexual a Canario Negro para que Green Arrow se decidiera a matar, la pequeña niña que se comieron los perros en Watchmen para que Kovack se volviese Rorscharch y en este caso balear a Bárbara y sacarle fotos desnuda —en la versión original y deluxe, en la lanzada en la época la editorial requirió que saliese vestida en las fotografías— para poner a prueba la sanidad de Gordon y hacer que Batman estuviese al límite. Aunque en este caso en particular, y conociendo a Alan Moore el creador de personajes como Halo Jones, Mina Murray, Evey Hammond y varias otras, podríamos justificar que Moore no ve a las mujeres como meros recursos narrativos sino que es capaz de crear personajes femeninos fuertes, y en este caso y solo en este caso para avanzar la historia era necesario que Bárbara sufriese este destino dado que se cruzó con un personaje tan retorcido como es el Joker quien no distingue hombre de mujer, niño o anciano a la hora de apretar el gatillo y usar la navaja. Aunque puedo estar equivocado.
Donde realmente brilla eso sí, es en el arte, simplemente ¡Brian Bolland es un maestro! Tan meticuloso y detallista que se dedico a hacer una y otra vez las composiciones hasta que salieran como él quería, nadie ha dibujado al Joker como él, con esa sonrisa hacia el dueño del Carnaval o cuando apunta con el revólver a Bárbara, saliendo por primera vez transformado en su palidez demencial o la más memorable, cuando se ríe de su propio chiste y ¡Batman se le une! En mi caso eso sí, me quedo con la icónica portada del Joker luciendo perfecto en esa pose de fotógrafo. Tanto me gusta que tengo una versión tamaño poster en mi cuarto.


Su narrativa visual también es fenomenal, con cada página llena de detalle. La edición de este comic que poseo es la Deluxe Edition la versión recoloreada por el mismo Brian Bolland, nada en contra de John Higgins—el colorista original— pero es superado por un amplio margen aquí, la coloración y diseño de todos los personajes y ambientes lucen únicos, frescos y brillantes. Lo que destaca por encima de todo, fácilmente son los flashbacks en esta novela gráfica, el color blanco y negro le da una atmósfera noir elegante separando el pasado y el presente de gran manera y estableciendo notablemente el tono. Además la forma en cómo se usó el texto, condensado perfectamente en paneles con letras de buen tamaño que permite que esta historia se lea y disfrute de manera muy fluida. Simplemente no tengo más que elogios para Bolland pues su arte en esta novela gráfica el cual es perfecto.
Este cómic es un logro maestro y se merece todos los elogios que le llueven, retomándolo hace poco puedo decir que fue una lectura rápida y con mucho contenido en un arco tan simple e inteligente donde todo está perfectamente condensado, tanto la caracterización de personajes como la historia tipo thriller noir. Moore y Bolland crean una historia magníficamente atmosférica y un origen que nos permite entender al Joker —siendo falso o no— como una figura efectivamente trágica, resultando en un clásico que se sostiene perfectamente después de todos estos años. Y es un logro importante si la comparamos con otras historias de murciélago como Returns o Year One que necesitan sobre 100 páginas o Long Halloween cerca de 300 para alcanzar dicho status de «clásico» mientras que La broma asesina lo hace en 46 ¡solo 46! Una obra tan corta y al mismo tiempo tan influencial. Si te gusta Batman, debes leerlo, si te gusta el Joker debes leerlo, incluso si no te gusta DC o los cómic en general creo que igual deberías darle una oportunidad, porque es una obra de altísima calidad, brillantemente narrada, dibujada y una de mis novelas gráficas favoritas. 
Además el final ambiguo con la broma alegórica te deja pensando si la conclusión de esta historia es real o imaginaria, digo ¿Batman riéndose junto con el Joker? ¿Al final James Gordon no cayó en la locura pero Batman sí? Simplemente creo que terminar la historia de esa manera con un chiste simplemente fue un golpe de genialidad de parte de Moore. A mi también se me ocurre uno… un murciélago y un payaso entran a una feria y…

Escrito por Ñoño Cool para How to Arsenio Lupín.

Anacleto: Agente secreto (Javier Ruiz Caldera, 2015)

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Normalmente no solemos valorar el cine español, siempre creemos que lo que se hace aquí es de peor calidad que lo americano, ingles, etc. Hasta el punto que cuando vemos una película decente española solemos decir: pues no esta tan mal... para ser española. Ese “para ser” lleva veneno amasao y hace dar a entender que aquí no tenemos calidad. Y nada mas lejos de la realidad, lo cierto es que el cine español tiene grandes títulos, no solo de ahora si no de siempre, la mayoría desconocidos para el gran público ya que por el motivo que sea, publicidad, actores, etc, no se ha dado conocer. Dicho esto, la peli Anacleto está bastante bien…
Basado en las historietas creadas por el dibujante Manuel Vázquez Gallego, tenemos una adaptación en carne y hueso de otro de los clásicos del cómic español. Anacleto, uno de los mejores agentes secretos nacionales, tendrá que proteger a su hijo (el cual no sabe nada de su profesión) de su archienemigo Vázquez tras fugarse de la cárcel en la que Anaceleto le encerró hace un montón de años.
A pesar de que el guión pueda ser típico del género, la peli sorprende agradablemente, no es una adaptación tan fiel como podemos ver en Mortadelo y Filemón pero tiene su toque particular, Anacleto (Imanol Arias) es una mezcla entre James Bond y Superagente 86 entrado en años, a pesar de ello aun tiene agilidad y un instinto asesino brutal. El toque de humor es bastante gamberrillo mezclado con algunas escenas algo violentas, algunos de los tiroteos son bastante Tarantino. El humor viene de las situaciones mas variopintas y de otras mas tópicas en este tipo de parodias,  y sobretodo de dos personajes clave, su hijo y el amigo de este (interpretado por Berto Romero). El hijo (Quim Gutiérrez) es un treintañero algo parado que de la noche a la mañana se entera que su padre es agente secreto y obviamente lo cuestiona todo y lo critica por haberlo engañado durante tanto tiempo, del mismo modo Berto siempre aparece en el momento oportuno para meter la puntilla, el chascarrillo, ese zas típico de Berto, Porque es el mismo Berto que aparece en Buenafuente, o sea la misma forma de ser y la verdad es que es un puntazo.
La cinta avanza bien y no decae en ningún momento, tiene ciertas escenas realmente elaboradas como la que buscan al chivato o la escena de acción en la granja. Son momentos que se alejan de la tónica habitual y de ese modo no se hacen tan previsibles de ver. Sin duda el reparto es de lo mas acertado en cuanto a actores españoles. Aparte de los mencionados, destacar la novia pesada de Adolfo (Alexandra Jiménez) o a Carlos Areces interpretando al malvado Vázquez. Todos conocemos a Areces y a pesar de ser tan característicos en esta ocasión parece que el papel le va grande, no encaja del todo, pero sus secuaces son unos cachondos.
En definitiva una buena peli cómica de uno de los clásicos del tebeo español el cual puede presumir con otras producciones mas internacionales. Son de esas pelis que se merecen mas reconocimiento del que tienen.

 

Assassin’s Creed: Lineage (Yves Simoneau, 2009)

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Mientras todos esperan Assassin’s Creed protagonizada por Michael Fassbender, pocos son los que recuerdan que no sería la primera ficción que nos da esta franquicia de videojuegos.
La historia nos sitúa en los momentos previos a la historia del videojuego, a modo de prólogo, en el que Giovanni Auditore, un reconocido banquero de Florencia, nos descubre que es un assassin, cuyo objetivo es acabar con Rodrigo Borgia antes de que consiga hacerse con el poder del Vaticano y de toda Italia.
Una introducción perfecta para disfrutar aún más del posterior videojuego, ya que de esta forma descubrimos la historia al completo de los Auditore, y entendemos muchos de los detalles que se cuenta a continuación, como la relación de Giovanni y, su hijo, Ezio.
Romano Orzari es Giovanni Auditore, dando una magnífica interpretación de este pequeño personaje en el videojuego, pero aquí toma por completo el protagonismo. Mientras que su enemigo, Rodrigo Borgia, está interpretado por Manuel Tadros.
La curiosidad reside en que la cara y el comportamiento de Auditore y Borgia en Assassin's Creed II fue extraída de los mismos actores que se pusieron en la piel de estos personajes durante el rodaje de este mediometraje.
La batuta del film le fue entregada a Yves Simoneau, un reconocido director de películas y series televisivas, como Napoleón (2002) y Los juicios de Nuremberg (2000), por lo tanto no es producto destinado en exclusiva a los «consoleros», sino también a los buenos aficionados al cine.
Este film, presentado en forma de miniserie en televisión, tiene una factura perfecta, pero con una única pega: su corta duración, ya que su calidad deja al espectador con ganas de mucho más.

Spectre (Sam Mendes, 2015)

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Los muertos… viven. Tras recibir un enigmático mensaje de la fallecida M, Bond empieza una investigación por su cuenta para desvelar uno de los mayores secretos que se ha ocultado tras todo lo que le ha acontecido desde que se convirtió en 007, o incluso antes. Después de acabar con la vida de un asesino profesional en México D. F., en cuya mano encuentra un anillo que le abrirá muchas puertas que le llevaran por el camino de retorno a su pasado, en el que alguien que creía enterrado desde hacía años, volverá a la vida para poner en jaque, no solo al propio Bond, sino a todo el MI6 al completo, justo ahora en que aires de cambio soplan en Londres, cuando un nuevo servicio de inteligencia pretende acabar con los 00 y darle todo el poder a las nuevas tecnologías. Un James Bond desatado, se dedicará a hacer frente en esta batalla en dos frentes, mientras intenta esclarecer que tiene que ver su vida en todo esto.
Si bien debo confesar que al principio no me convenció demasiado Daniel Craig y la nueva versión de Bond que venía con él, ahora debo admitir que a la franquicia necesitaba un lavado de cara, para olvidarnos de una era dominada por los gadgets y ciertas fanfarronadas habituales en la saga. Sin embargo, si bien el realismo imperante en la saga desde Casino Royale era algo necesario, hay ciertos tópicos y características de la franquicia que se han perdido en la búsqueda de este 007 más duro y menos gentleman. Por ejemplo, no fue hasta Skyfall que Craig no nos hizo recordar los clásicos gestos de arreglarse el traje y la corbata, algo que parece una chuminada pero que aporta cierto talante al personaje, sin embargo es algo que queda en segundo plano en pos de la dureza del personaje. Por otro lado, si bien los gadgets llegaron a un extremo innecesario y artificial, siempre han sido algo básico de las películas —fijaos que hablo de las películas, no de los libros—, y que, en su cierta medida, tampoco hacen daño, como podemos ver en las modificaciones que tiene el nuevo Aston Martin DB10 de Bond o algunos inventos de la sección Q, como la sangre inteligente. En este sentido, tampoco puedo negar que haya más toques de humor que en anteriores entregas, gracias sobre todo a la relación de Bond con sus amigos —Q y compañía—, y al hecho de que se nota que Craig ya se ha hecho con el personaje, conociendo los tics necesarios para interpretarlo y convencer al público.
A parte de Craig, que ya es igual de Bond que todos los anteriores —aunque le ha costado casi cuatro películas, mientras que otros, como Brosnan, lo fueron desde el primer día—, Sam Mendes ha contado con un reparto que podríamos clasificar como habitual, con Ralph Fiennes, Ben Whishaw, Naomie Harris, Rory Kinnear y Jesper Christensen—cuyo personaje por fin tiene un final—; además de las caras nuevas como Léa Seydoux, como nueva «chica Bond»—aunque no es la indefensa damisela, sino que, como viene siendo costumbre, es la compañera de batalla de 007—, Andrew Scott—como un personaje con dos caras, siendo la de la villano más destacable y para la que le ha servido su rodaje como el Moriarty de Sherlock—, Dave Bautista—como Señor Hinx un nuevo sicario que no siente dolor y es casi invencible—, y Christoph Waltz como una de las grandes expectativas de la cinta.
Es este último el que nos deja el sabor más agridulce de todos. En esta película el «mal» tiene tres caras, la oculta en Blofeld, la visible en Denbigh y la brutal en Hinx. No tengo palabras para el último, Dave Bautista se está haciendo un hueco en la gran pantalla con papeles tan interesantes y tan apropiados como este, al que no vemos morir y que huele a un regreso en nuevas entregas de Bond. El problema viene cuando nos paramos en los cerebros de la villanía. En Skyfall vimos uno de los mejores villanos de Bond, un Javier Bardem perfecto en el papel de Silva, pero aquí la cosa no está tan clara. Por un lado está Denbigh, que parece juega un papel amenazante, tanto como en su papel de nuevo jefe de la inteligencia británica, que quiere acabar con el programa 00, como en su perfil oculto de colaborador de Blofeld. Pero en cambio, en comparación, el supuesto gran villano de la película, que tenía que ser Blofeld, se ve empequeñecido entre tanta maldad. Sus motivos no parecen contundentes… ¿Una rabieta por celos hacia su hermanastro? Venga ya, esperaba que hubiera algo más potente tras su oscura silueta. Además, si bien soy un gran seguidor de Christoph Waltz, los amaneramientos que muestra su Blofeld, no parecen encajar del todo y, en muchas ocasiones, resulta demasiado cómico para parecer creíble. Y mi gran pregunta es ¿dónde están el Coronel Hans Landa de Malditos Bastardos y el Dr. King Schultz de Django Desencadenado? En mi humilde opinión, creo que una de las bazas que tenía a favor Spectre era su villano, y creo que se ha desaprovechado el talento de Waltz, con un motivo más claro, un poco más de carisma de Landa y un poco más echado para adelante como Schultz, el resultado habría sido un Blofeld perfecto. Esperemos que, el hecho de que, al final —¡Spoiler!— permanezca con vida, le da más margen al actor a mejorar un personaje y no pase como en anteriores apariciones del personaje, en que en cada ocasión era interpretado por un actor diferente.


Después del final explosivo y muy concluyente que pudimos ver en Skyfall, en el que parecía dejarlo todo para que encajara con Agente 007 contra el Dr. No (Terence Young, 1962), cual ciclo de la vida, con la aparición de Money Penny (Naomie Harris), Q (Ben Whishaw) y un flamante M (Ralph Fiennes) —que nos recuerda al original Bernard Lee—, haciéndonos pensar que, después de tres películas, James Bond había matado todos los fantasmas de su pasado y podía ser el hombre al que todos conocemos, pero no era así. A pesar de que, si bien tenía la cicatriz de Vesper Lynd y de la antigua M, todo hacía pensar que el nuevo enemigo al que se enfrentaría Bond sería un villano de carácter megalómano, con ganas de dominar el mundo, como Moonraker o Goldfinger, pero no, una vez más nos muestran un villano que quiere ver arder a 007 y no al mundo. Hasta ahora había estado bien el hecho de descubrir algo más sobre el pasado de James Bond y como había llegado a ser 007, creo que resulta un tanto excesivo que siempre haya un implicación personal en todo las misiones que lleva a cabo. Vale que antes de Craig apenas había un relación directa entre su vida y la misión, pero es que ahora hemos ido al extremo opuesto… Señores productores de Bond, busquen el término medio, por favor.
Si tenemos en cuenta algo más que esta película, uno de los principales hándicaps a los que se enfrentaba Spectre, no era otro que su predecesora, Skyfall, que dejó el listón muy alto y que, como hemos podido comprobar, no ha podido vencer. Spectre tenía todas las piezas para poder ser la película de James Bond definitva, tenía un Bond sin ataduras —siempre hablando a priori—, un equipo del MI6 clásico —formado por M, Q y Money Penny, y con Tanner como premio—, un secuaz digno del mítico Tiburón—fijémonos que no vemos morir a Mr. Hinx, con lo que, insisto, sería un puntazo ver lo de vuelta—, y un villano inigualable —el gran Blofeld estaba de vuelta—, pero le ha faltado unir las piezas debidamente. Puede que Mendes y su equipo hayan pecado al momento de querer contar demasiadas historias en una misma película —tenemos la trama personal de Bond, la de la Doctora Swann y el Señor White, la de Blofeld, y la de M contra Denbigh—, del mismo modo que ciertos elementos parecen flecos innecesarios, puestos ahí para añadir metraje —la escena de Monica Bellucci, si bien perfecta en factura, está de más y me recuerda más a un anuncio de perfume por su lírica—, y cubrir la cuota de minutos necesaria para un estreno del 2015. Y, finalmente, lo que realmente creo que ha perjudicado mi opinión sobre Spectre es que, una vez más, se ha querido buscar el excesivo realismo, olvidándonos que una de las gracias de las películas de Bond es la falta de este realismo.
Quiero remarcar el hecho, como puede que os hayáis fijado, que siempre hablo de las películas y no de los libros, por que parece que hay un obsesión para acercar el personaje de Bond a su original de los libros y alejarlo del de las películas. Eso lo encuentro perfecto, ya que se debe respetar la obra original, sin embargo estamos hablando de una franquicia que lleva en marcha desde 1962 y que tiene en su haber veinticuatro películas, por lo que, visto con frialdad, el cine ha aportado más a la caracterización de Bond y su mundo que las novelas en las que se inspiraron en un principio.
Algo que tiene Spectre, y que también tuvo Skyfall en su momento, es la excelente factura de la mano de Sam Mendes, que se convierte en el segundo en dirigir dos películas de Bond consecutivas. Sin ir más lejos, la película empieza con una secuencia de cuatro minutos sin cortes, que nos recuerda el magnífico punto de partida de Sed de mal (1958) de Orson Welles, aportando un dinamismo increíble a la escena pre-créditos, que nos mete de lleno en la trama queramos o no.
Algo que también juega a favor de esta película son los numerosos guiños a otras películas de la saga. Además del retorno de Blofeld y de Spectre —una asociación que reúne a todos los villanos vistos hasta ahora en la etapa Craig bajo un mismo paraguas de maldad—, tenemos a Hinx, que en la tradición de los sicarios de Bond, no siente dolor, apenas habla y solo aparece para intentar acabar con 007 de las maneras más creativas y sanguinarias posibles. Será este precisamente, que nos llevará al tren que nos recordará al de Desde Rusia con amor—en el que Sean Connery y Robert Shaw tenían un enfrentamiento—, mientras que la búsqueda de la nueva «chica Bond» nos trasladará a un escenario más que parecido al que vimos en Al servicio secreto de su Majestad, tanto por la nieve como por la localización de la clínica. Y, algo muy importante, es que la secuencia del gunbarrel ha vuelto a su icónico lugar, al principio, siendo por primera vez en la era Craig que lo vemos ahí, y no al final, o en mitad de una escena.
A pesar de todo, me gustaría dejar claro que Spectre no es una mala peli, poco a poco va siendo un Bond más tradicional y a la vez renovado, sin embargo, el impresionante precedente de Skyfall y la repetición por enésima vez de rebuscar en los orígenes del personaje —es como si en cada película de Spider-Man nos contaran como le muerde la araña… Espera un momento, ¡eso ya lo han hecho!—, hace que no termine de convencer del todo, a pesar de su espectacularidad —bien distribuida por toda la película, con escenas en la nieve, en el aire, con mucha adrenalina y destrucción—y su buena factura.

Star Wars. Manual de Supervivencia

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¡Sorpresa! La galaxia está sumida en el caos. El estreno de una nueva entrega de Star Wars ha creado inquietud en gran parte de la población que desconoce quién es Darth Vader o para qué sirve la Fuerza.

Mientras, los «waries», ajenos a este hecho, se frotan las manos con la esperanza de que esta nueva entrega aporte luz y oscuridad por igual a su amada saga.

Pero lo que todos ellos ignoran es que dos cinéfilos se han unido en secreto para elaborar un manual de supervivencia con toda aquella información imprescindible para que puedan enfrentarse a estos tiempos tan adversos…

Las películas y las series

El Manual de Supervivencia


Star Wars. Manual de Supervivencia (Diciembre, 2015) es un proyecto realizado por Francesc Marí de LASDAOALPLAY? y Néstor Company de El cine de Hollywood, disponible para:
- Leer en Issuu.
- Descargar en Mega.

Dragon Ball Z: La resurrección de F (Tadayoshi Yamamuro, 2015)

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Tras el jarro de agua fría que supuso Dragon Ball Z: La batalla de los dioses, se esperaba que la nueva peli arreglara los fallos de la anterior y mejorase un poco el nivel de calidad, pero me temo que nos vamos a llevar otro chasco.
La resurrección de F va directo a la nostalgia, como a muchos seguidores de la serie, Freezer es considerado uno de los mejores villanos de la saga Dragon Ball y verlo aparecer de nuevo en escena es siempre gratificante, pero claro, el nivel de fuerza de Freezer ha quedado desfasado en comparación a los Saiyajins y demás, así que uno de los puntos fuertes de la película era descubrir que Freezer tenía una nueva transformación más poderosa.
La historia transcurre meses después de La batalla de los dioses, Sorbet el general que queda a cargo del ejército de Freezer tras que este y su padre murieran, decide resucitarlo de nuevo ya que el poder del imperio de Freezer se ha ido debilitando desde entonces, para ello acude al planeta tierra para que, invocando al dragon Shenron este lo resucite. Freezer una vez resucitado, pretende vengarse de Goku y compañía, sabiendo que sus rivales han aumentado su fuerza a niveles considerables, este decide pasar un tiempo entrenándose para llegar al mismo nivel. Una vez está preparado, Freezer vuelve a la tierra para vengarse de Goku. Freezer los sorprende con su nueva transformación cuyo poder está por encima del Super Saiyajin Dios (SSG), pero tanto Goku como Vegetta también han aumentado su poder gracias al entrenamiento de Wiss.
Si se mira fríamente, esta película tiene el estilo clásico de las OVAs míticas de Dragon Ball, su desarrollo viene siendo el mismo: Malo aparece en escena, malo lucha contra los compañeros de Goku, estos no duran nada, Goku aparece en el momento oportuno para salvar a sus amigos, malo lucha contra Goku, Goku gana y todos felices. Este es el guion clásico de las películas de Dragon Ball y aunque sea algo repetitivo es de agradecer que vuelvan al estilo más habitual y conocido de la saga, el problema está en lo de siempre, las situaciones absurdas y fuera de lógica que suceden y las cuales destrozan todo lo mostrado, pienso que una serie debe ser coherente con su historia y La resurrección de F se carga la coherencia del manga y del anime por una sucesión de secuencias sin sentido, "espoileo" algunas de las situaciones más absurdas de la película:

  • Por alguna razón, Shenron no puede resucitar a Freezer entero y lo tiene que hacer en pedazos tal y como lo dejó Trunks, aunque Trunks en el fondo lo pulverizó, seguramente sea una escusa para que no resucitara en la tierra y lo detectan Goku y compañia.
  • Freezer solo necesita unos 4 meses en superar el nivel de fuerza de un SSG, con dos meses más seria más fuerte que Bills!!
  • Piccolo, Son Gohan y compañía no pueden con el ejercito de Freezer, soldados cuya fuerza no será superior a la de Zarbon o Dodoria
  • Krilin diciéndole a A18 que no vaya ya que es muy peligroso, pero si A18 es mas fuerte que Krilin. Y encima la tía va y dice que está orgulloso de él.
  • Aparecen casi todos los compañeros de Goku excepto Trunks y Son Goten, ¿¿porque?? no había ninguna razón para dejarlos fuera.
  • En ningún momento explican como Goku y Vegeta han logrado ser Super Sayajin Dios en modo Super Sayajin (SSGSS), aunque supongo que eso se verá en la serie Dragon Ball Super.
  • A Goku en modo SSGSS lo vence Sorbet de un disparo con su arma laser, un personaje cuyo poder no será superior al de Mutenroshi.
  • Freezer por muy malo que sea, nunca representa una amenaza para los protas.
  • El final es de los más absurdos que he visto
  • Vegeta nunca se quitará la etiqueta de ser el segundón.
  • etc........


Como la anterior película, vuelvo a quedarme con esa sensación de que me han tomado el pelo, es verdad que el estilo se asemeja más a las OVAS clásicas, pero es que ni si quiera es mejor que la anterior, es una película que no aporta nada nuevo salvo la transformación de Goku y vegeta en SSGSS, que podría ser totalmente descartable, aun así creo que Dragon Ball tiene mucho potencial y merece una historia más digna y espero, si continúan por este camino, mejoren las historias y que Akira Toriyama no pase de héroe a villano con el tiempo.

El último hombre en la Tierra T.1 (Fox, 2015)

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2020, dos años después de que un virus haya exterminado a todo el mundo —incluidos a los animales—, Phil Miller parece ser el último hombre en la Tierra o, como mínimo, en Estados Unidos. Natural de Tucson, Arizona, Phil emprende un viaje en solitario por todo el país en busca de supervivientes —a la vez que se apropia objetos valiosos de las cuatro esquinas de la nación—, dejando tras él unas pintadas que dicen «Vivo en Tucson». Tras regresar a su casa, decide agenciarse una mansión de la parte rica de la ciudad e instalarse en ella, viviendo —o sobreviviendo—, como mejor puede, mientras hace todas las locuras que se le pasan por la cabeza para pasar el rato. Pero, como es de imaginar, ser el último hombre en la Tierra es más bien solitario, así que, sobre cualquier cosa, Phil reza por tener un compañero, o una compañera, con la que compartir el mundo y, como no, tener sexo, que, en realidad, es lo más duro de estar solo. Sus plegarias son escuchadas cuando, de la nada, aparece Carol Pilbasian, una chica no muy agraciada y un tanto rara, pero, al menos es una chica. Phil hará todo lo posible para acostarse con ella, llegando a casarse, pero todo cambia cuando aparecen nuevos supervivientes que buscan al hombre que «vive en Tucson», entre ellos, Melissa, una mujer diez veces más atractiva que Carol; Todd, un simpático gordinflón que encandila a Melissa; Gail y Erica, una madurita y una jovencita con muchas ganas de fiesta; y otro Phil Miller, un tipo escultural que lleva de cabeza a todas las chicas.
A pesar de querer estar acompañado, Phil, el primero, descubrirá que no era esto lo que buscaba, ya que los años de soledad lo han llevado a comportarse de una manera un tanto peculiar, haciéndolo entrar en un círculo vicioso de mentiras, celos y traiciones, que acabarán por no dejar de sacudirle una vez tras otra en la cara, suerte que tiene a sus amigos… Un grupo de pelotas a las que ha pintado caras y ha bautizado.
El cómico Will Forte—creador y guionista de la serie— se pone en la piel de Phil, un hombre que durante su soledad se comporta como cualquiera de nosotros lo haría. Hace locuras, incumple las normas, por que ya nada importa y se convierte, queriendo o no, en un ermitaño. Lleva melenas, una espesa barba, no se ducha por falta de agua corriente, tiene una piscina por basurero y otra por taza de váter, y se baña en una piscina hinchable para niños llena de cocktail margarita. A su lado, estarán Kristen Schaal, January Jones, Mel Rodriguez, Cleopatra Coleman, Mary Steenburgen y Boris Kodjoe, aunque la aparente normalidad hace de sus personajes meras comparsas del plato fuerte que es Phil Miller.
Lo interesante de la serie es que te lleva a preguntarte como te comportarías en una situación similar, sintiéndote extremadamente identificado con el personaje de Phil y llegando a detestar al resto de personajes. Aunque Phil se comporte mal con los demás, mienta y solo quiera sacar provecho para sus intereses, el comportamiento de los demás, a los que les parece no haber afectado dos años de absoluta soledad, nos lleva a empatizar con el supuesto «malo», mientras que odiemos a los «buenos», que quieren seguir cumpliendo las normas y ese largo y tedioso etcétera. Además, esta empatía que sentimos por Phil, y no por los demás, se ve motivada por que, a pesar de meterse en un espiral actos egoístas, todo le sale absolutamente mal. Es decir, sentimos pena, pero, y seamos sensatos, ¿quién no se volvería un tanto egoísta después de estar dos años solo acompañado por un grupo de pelotas con cara? Pues eso.
La trama de la serie se basa en un planteamiento muy básico: el día a día de este pequeño grupo de supervivientes. Pero no creamos que la reunión de todos los personajes tiene lugar en los primeros capítulos, sino que cada uno de ellos se va incorporando escalonadamente, dando margen a diferentes situaciones dependiendo de los actores que estén en escena. En este sentido, la primera temporada de El último hombre en la Tierra empieza muy arriba, ya que casi durante dos capítulos vemos las tonterías que hace Phil para sobrevivir y divertirse. Pero en cuanto llegan nuevos vecinos a Tucson, estos pretenden controlarlo, haciendo que las tramas y las relaciones entre los diversos personajes tomen el rumbo de amor-odio típico en todas las sit-com. Esto convierte los capítulos intermedios en algo bastante menos original que la premisa de partida, pero, por suerte, el desenlace de la primera temporada corrige estos errores, dando a Phil y a la serie un nuevo inicio, del que disfrutaremos en la segunda temporada.
En los últimos tiempos hemos visto como series que nos han acompañado durante años se han ido acabando, dejando huecos que necesitamos llenar. Pues bien, El último hombre en la Tierra forma parte de esta nueva hornada de producciones televisivas que prometen mucho, y esperemos que la formula de un reducido número de capítulos y una trama bastante original para una comedia, nos permita disfrutar de esta serie durante muchos años sin caer en el defecto de repetirse.

Blanco humano (John Woo, 1993)

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En la misteriosa ciudad de Nueva Orleans están sucediendo cosas muy extrañas. En pocos días han desaparecido varios hombres, todos ellos antiguos militares caídos en desgracia, entre ellos Douglas Binder, una antiguo marine cuya hija, Natasha, se ha propuesto encontrarle. Sin embargo, la chica es un poco ingenua y puede sufrir problemas en las peligrosas calles de la mayor ciudad de Luisana, así que no duda en contratar al único hombre que parece ser de confianza en los bajos fondos de la ciudad, Chance “Riesgo” Boudreaux—que casualmente también es un veterano de guerra, con conocimientos de artes marciales y que malvive como marinero jornalero—, que la salva de un grupo de maleantes que acaban recibiendo una somanta de palos de cuidado. Esta peculiar pareja se hará cargo de una investigación que va más allá del padre de Natasha, teniendo que enfrentarse a una extraña red criminal cuyo negocio es una extraña forma de entrenamiento para ricos.
El responsable de llevar a cabo esta historia no es otro que John Woo—conocido por películas como Cara a cara (1997) o Misión Imposible 2 (2000)—, que con esta cinta se convirtió en el primer director asiático en hacerse cargo de un film de un estudio de Hollywood, y la verdad sea dicha, en gran medida es gracias a su conocimiento del cine de acción —que en su China natal realizaba junto a Chow Yu-Fat— para que el resultado sea mejor del que podría esperarse. Por un lado la historia tiene una tónica muy seria pero con algunos despuntes que hacen peligrar el clímax, además Van Damme, si bien no era su primer papel protagonista, era de los primeros en que se veía obligado a ir más allá de sus acrobacias, y se nota. Pero, algo que llega al corazón de cualquiera que vea la película es como se presenta a Jean-Claude Van Damme, en todas las escenas es un cruce entre un héroe moderno y un vaquero sin revólveres —aunque con sus piernas no hacen falta balas—, planos ralentizados, música del sur con acordes que arrastra el viento. Simplemente, increíble.
La verdad es que el tono frío y con cara de palo de Van Damme le aporta cierto grado de gravedad en el papel de tipo duro. Además, el belga demuestra sus habilidades una vez más, y no se corta en repartir hostias por doquier, pero también se atreve con las armas de fuego y las explosiones… ¡Qué se vea que es algo más que un par de piernas bien tonificadas! Aunque cuando las usa, para derribar a un motorista, tampoco tienen precio.
A favor de Woo y de Van Damme juega un reparto que facilita el trabajo de ambos, por un lado la pareja de villanos es de los mejores de la época. El más malvado de todos, Emil Fouchon, está interpretado por Lance Henriksen —famoso por sus papeles en Terminator (1984) y Aliens. El regreso (1986)—, convirtiendo a un personaje digno de odiar y del que sentir mucho miedo. El sicario de este, Pik van Cleef, cumple los tópicos del género, no es otro que Arnold Vosloo que en esta película empieza a cosecharse un nombre como villano, algo que repetiría en las películas de La Momia y la serie 24h. Por el otro, unos secundarios —como Yancy Dutler, Kasi Lemmons, Willie C. Carpenter o Wilford Brimley— que, si bien no son de Oscar, cumplen con su papel 
Blanco humano esta plagada de escenas increíbles, pero hay una escena que no tiene precio y que pasará a los anales del cine de acción, en una toma muy parecida a una de Rambo: Acorralado - Parte II, una serpiente se descuelga de un árbol. En el caso de Rambo, este la coge, la mira y la suelta, sin embargo, Van Damme va un poco más allá… La coge de refilón sobre el hombro de una asustada Yancy Butler, le suelta un puñetazo digno de mención, para después decir: «Sólo está atontada», y rematar la escena arrancándole el cascabel de un mordisco.
Con Blanco humano, Van Damme consigue alejarse de sus papeles habituales como especialista en artes marciales que, sinceramente, tienen un límite en cuanto a argumentos, y llegar a ser un héroe de acción del cine americano, mereciéndose estar entre los grandes del género como Stallone, Schwarzenegger o Willis.
Aunque no parezca posible a priori, la historia de Blanco humano es buena, incluso es elaborada y completa, sobre todo para los cánones de este tipo de películas, cuyas tramas acostumbran a ser superficiales. Tampoco podremos decir que es un peliculón, porque no lo es —durante años fue de las habituales películas de reposición a las tantas de la madrugada—, pero se defiende lo suficiente para hacernos pasar un buen rato frente a ella, dejándonos momentos tan emblemáticos como la ya mencionada secuencia de la serpiente.

El último hombre en la Tierra T.2 (Fox, 2015)

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Al final de la primera temporada, Phil recibe el castigo por los actos egoístas que ha cometido desde que vuelve a vivir en compañía. Por unanimidad, Phil —que ahora es llamado Tandy— es abandonado, por el otro y más perfecto Phil Miller, en mitad del desierto. Expulsado de su propia ciudad, sin apenas comida y odiado por los demás supervivientes de Tucson, todo parece indicar que los días de Phil están contados, pero un ángel de la guarda aparece y lo salva. Su ex mujer, Carol, parece ser la única que lo entiende, lo recoge y se van dejando atrás a todos aquellos que han estropeado su vida de recién casados.
Este panorama, en el que nos olvidamos de unos personajes que —en mi opinión— eran realmente odiosos, permite que la serie se recupere y se reinicie de lo que parecía ir destinado a repetirse tantas semanas como la Fox quisiera que se repitiera. El salto de temporada, ha permitido a los creadores a replantear la situación, y nos han traído de nuevo a todos los personajes de tal manera que nos vemos obligados a conocerlos de nuevo.
Por un lado están Phil y Carol —interpretados de nuevo por Will Forte y Kristen Schaal—, que al volver a estar juntos, solos y casados de nuevo, realmente descubren una inesperada historia de amor entre ellos. En esta relación, Carol enseña a Phil a comportarse un poco mejor, mientras que él consigue que la «buena niña» que es ella, descubra un lado salvaje y alocado. Sin ir más lejos, después de abandonar Tucson, la pareja emprende un viaje a lo largo y ancho del país en busca de una nueva ciudad en la que vivir, y los encontramos viviendo en la Casa Blanca, bebiendo margaritas en una piscina hinchable en mitad del Despacho Oval y yendo a comprar al súper con un caza… Hasta cierto punto, se podría considerar un punto medio entre las vidas de ambos.
Por el otro lado, Melissa, Todd, Erica, Gail y el otro Phil han abandonado Tucson y se han ido a California, donde han conocido a Gordon, un superviviente «millonetis» al que se han unido en su mansión. Esta parte de los personajes, si bien siempre son secundarios, cuando se reencuentran con Carol y Phil —que se autocastiga para demostrarles que ha cambiado—, poco a poco van demostrando que no son tan perfectos como los conocimos en la primera temporada, humanizándolos lo suficiente para que sintamos más simpatías por ellos que en la primera tanda de episodios, excepto con el otro Phil… ¡Cómo odio ese a don perfecto! Por ejemplo, Todd tiene un secreto que oculta a todos los demás, Gail se descubre ser una borracha empedernida, Erica es una celosa sin escrúpulos, Phil, como vimos al final de la primera temporada, es un tipo mucho más cruel de lo que parece y Melissa… Bueno, el caso de Melissa es diferente. Es difícil de explicar, es como una sensación, creo el problema está más en la actriz que no en el personaje. Durante la primera temporada ya había algo que me chirriaba, pero en la segunda creo ver más claro que es January Jones la que no está cómoda, y el comportamiento arisco de su personaje es derivado del suyo, como si no quisiera estar realmente allí… O eso, o realmente es una gran actriz.
Como se podía esperar de una serie post-apocalíptica —por que no lo olvidemos, El último hombre en la Tierra es una historia post-apocalíptica—, no son muchas las nuevas incorporaciones. Está Gordon, el nuevo, que al verlo no pude más que asustarme, ya que está interpretado por Will Ferrell —no voy a decir que sentimientos tengo contra este actor— y, por un segundo, pensé que sería de los habituales, pero, por suerte, solo fue un cameo, que sirve como germen de nuevas tramas.
Pero el que realmente interesa es el interpretado por Jason Sudeikis, Mike Miller, el hermano de Phil. Lo curioso de este personaje es su planteamiento, ya que se trata de un astronauta que se encuentra aislado en la Estación Espacial Internacional y que intenta contactar con la Tierra. Realmente está es la trama dramática de la serie, un tío perdido en el espacio, con su hogar ante sus ojos pero a la vez tan lejos de él que no tiene medios para sobrevivir y saber que su hermano está vivo. Aquí los realizadores lo han hecho muy bien, al crear un gancho con el que cazarnos… ¿Conseguirá Mike volver a la Tierra? ¿Se reencontrará con su hermano? ¿Será Mike tan peligroso y divertido como Phil?
En esta segunda temporada, tres episodios más breve que la anterior, El último hombre en la Tierra nos demuestra algo que estaba un poco en el aire al final de la primera temporada, tiene carácter y potencial para seguir, ya que en los últimos episodios —justo antes del abandono de Phil en el desierto— todo parecía indicar que la historia tenía unos límites que no podía superar.
De momento las tramas de esta segunda tanda han sido más originales y mejores que las de la primera, a la vez que, en ningún momento, han recurrido a reproducir anteriores situaciones, dándole mucha más fuerza a los personajes que se descubren cada vez más humanos y menos planos. Así que, como dije en relación a la primera temporada, esperemos que esta serie tenga una vida larga y saludable para hacernos disfrutar de lo lindo.

xXx (Rob Cohen, 2002)

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"Si si si, estos maderos me persiguen porque acabo de chorar este coche, está claro que el coche no es mio, no es mi estilo, pertenece a Dick Hotchkiss senador del estado de California, el mismo que quiere prohibir el rap y los videojuegos por que fomentan la violencia, pero si es la única educación que nos dan. Dick acabas de entrar en la zona Xander."
 
Así de esta manera chulesca se presentaba Xander Cage, un musculitos de gimnasio experto en deportes de riesgo. Su objetivo, hacer auténticas virguerias, al margen de la ley, montado en cualquier tipo de vehículo, para grabarlo y colgarlo en la red, vamos un "pre-youtuber". Sus tiempos de hacer lo que le daba la gana acaban cuando el agente Augustus Gibbons (Samuel L. Jackson) le propone “amablemente” entre elegir la cárcel o hacer un trabajito de espías.
Dentro del género de espías estamos muy acostumbrados a ver pelis del tipo 007 o a las parodias de los mismos, pero en esta ocasión tenemos la parte más gamberra del género. En lugar de usar al típico espía de traje y pajarita, tenemos a un ciclado y tatuado delincuente.  La escusa viene dada del echo de que la banda enemiga es experta en detectar a los típicos agentes de manual. Como diría Gibbons: "preferís introducir otro ratón en el nido de serpientes, o introducir sigilosamente a nuestra propia serpiente."
Xander por su parte no esta muy a la labor de la misión y prefiere finiquitarlo rápido, pero debido a su éxito se va involucrando más y más en la organización, especialmente cuando conoce a Yelena (Asia Argento), la chica del líder de la banda criminal.
La peli parte de las situaciones clásicas del genero de espías, pero con el estilo propio de una peli hecha exclusivamente para el entretenimiento, hay muchos momentos de acción, gadgets de todo tipo, algo de comedia y el malo que quiere destruir el mundo. A pesar de todo, no es un parodia ni se burla del género, si no un estilo diferente del mismo.
Para hacer de Xander Cage se ha contado con Vin Diesel. Después del éxito de The fast and the furious: A todo gas (2001), el carisma y chulería que aporta Vin le iba que ni pintado a la película convirtiéndolo en el antihéroe perfecto y el que mejor encaja por su estilo. Era una época en la que Vin no hacia secuelas de sus películas, hasta que ahora le ha dado por hacer todas las secuelas de las pelis de antaño. Por lo demás contamos con la clásica estructura de este tipo de películas pero edulcorada con un estilo mas juvenil y desenfadado, no obstante el director Rob Cohen es el mismo de la de A todo gas, por lo tanto el estilo es de sobra conocido.
xXx aparte de haber sido una de las películas mas difíciles de descargar del emule, es un entretenimiento más que aceptable, fresca, gamberra, chulesca, aportan un nuevo enfoque al cine de acción, si te gusta el género de espías, debes darle una oportunidad antes de machacarla. Como es lógico, y debido al éxito, se produjo una secuela, esta vez sin Vin Diesel y contando con Ice Cube como el nuevo agente xXx, titulada xXx 2: Estado de emergencia (2005), la película es mala donde las haya. Y como ya he dicho antes de que Vin está en la fase de hacer todas las secuelas que antes no hacía, está en producción una tercera parte volviendo él como protagonista, aunque quizá ya sea tarde para mostrarnos una nueva entrega. como diría Xander: "si envías a alguien para salvar al mundo asegurate que le gusta tal y como es".

Star Wars. Episodio VII: El despertar de la fuerza (J. J. Abrams, 2015)

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Bueno, después de mucho tiempo esperando este momento, la hora de hablar sobre Star Wars ha llegado. Después de varios años esperando su estreno —diez desde que se estrenara La venganza de los Sith y, nada más y nada menos, que treinta dos desde el estreno de El retorno del Jedi—, por fin ha llegado a las salas de todo el mundo Star Wars. Episodio VII: El despertar de la fuerza… Y, para ser sinceros, no ha sido para tanto. Antes de que me echéis la caballería por encima, quiero razonar mis palabras, y advertiros de los más que posibles spoilers.
Después de que Poe Dameron, el mejor piloto de la Resistencia —algo así como un fuerza militar que defiende la libertad en la Nueva República—, consigue recuperar el pedazo de un mapa que indica dónde se encuentra Luke Skywalker, desaparecido desde años y buscado por todos. Cuando está a punto de volver a su base, la Primera Orden—unos fanáticos que quieren el retorno del Imperio— atacan el pueblo en el que se encuentra y, este, antes de ser capturado, no tiene más remedio de depositar el pedazo de mapa y sus esperanzas en un pequeño droide, BB-8, que huye por el desierto de Jakku. Por el camino se topa con Rey, una chatarrera que espera en el desértico planeta a que su familia regrese a por ella. Mientras, Finn, un soldado de asalto de la Primera Orden, deserta y ayuda a Poe a huir, pero se estrellan en Jakku, donde, creyendo que Poe ha muerto, intentará cumplir la misión que tenía este, buscando y llevando a BB-8 a la base de la Resistencia, haciendo que su camino se cruce con el de Rey.
Mientras intentan ayudar a la Resistencia, perseguidos de cerca por la Primera Orden y su malvado y sanguinario líder sith, Kylo Ren, se toparan con la inesperada ayuda de unos viejos contrabandistas… Han Solo y Chewbacca.
Con esta historia, más en la línea de los episodios IV, V y VI, que de las precuelas, El despertar de la fuerza se nos plantea, a priori, como un regreso a las historias más clásicas de los space-operas, además, contando con un reparto nuevo y a la vez repleto de antiguos los protagonistas y con un equipo técnico liderado por J. J. Abrams, todo apuntaba a que este sería uno de los bombazos del 2015, desafortunadamente no ha sido así.
A medida que vamos viendo la película, que no dejamos de disfrutar por sus trepidantes escenas de acción, unos magníficos efectos especiales y un diálogo vivo y divertido —aunque a veces los chascarrillos sean un poco demasiado excesivos—, hay ciertos elementos que, por diversos motivos, no acaban de cuajar del todo.
Los actores, aunque correctos, a excepción de uno u dos, la mayoría se quedan un poco cortos. Harrison Ford—que por fin ha conseguido lo que quería desde que entró en esta franquicia… no voy a decir el que, pero los fans se lo podrán suponer— demuestra que es uno de los actores con más cancha, pero se nota que hizo esta película, sobre todo, por dinero, ya que hay escenas que parece no tomárselas muy en serio. Sobre Carrie Fisher y Mark Hamill, lo mejor será no hablar, ya que una sobra y el otro no habla… ¡Sí, sí, ni una línea! En cuanto al resto de nuevas incorporaciones, Oscar Isaac, si bien interpreta un personaje bastante llamativo, parece que será uno de los protagonistas pero, al final, se queda corto y no acaba de lucirse. Daisy Ridley, Rey, aunque tiene un personaje con muchas facetas oscuras parece tener miedo de las cámaras, no lo hace mal, pero da la impresión que la inmensidad de la franquicia le sobrepasa. Y, respecto al último de los héroes, Finn, interpretado por John Boyega, es como si hubieran cogido a un chaval de aquí, nuestra Tierra, y lo hubieran soltado en esa galaxia tan, tan lejana, ya que por un lado las situaciones violentas lo superan y, por el otro, en seguida se flipa por la fuerza, los sables láser y todo lo demás.
A pesar de ello, los protas se salvan, pero los villanos… ¡Madre mía, los villanos! Para ser breve solo dire que Adam Driver (Kylo Ren) no tiene nada que ver con Darth Vader, es como si fuera una copia infantilizada del gran personaje, mientras que Domhall Gleeson (General Hux), no llega ni a ser una sombra lejana de Peter Cushing. Así que lo mejor será no hondar mucho en ellos. Por su parte el líder Snoke—interpretado por Andy Serkis— es el único que se salva un poco, únicamente por qué no sabemos muy bien que papel juega exactamente en la trama, pero el resto cuesta salvarlos.
En cuanto al resto del reparto, como Gwendoline Christie, Max von Sydow o Lupita Nyong’o, tienen papeles tan secundarios y poco trascendetes que no tienen tiempo de mostrar de los que son capaces.
Argumentalmente, la historia, como ya he dicho, tiene un patrón básico similar a Una nueva esperanza, aunque no tan parecido como muchos han querido ver. Aún así, al apoyarse en personaje tan débiles o innecesarios, en muchas ocasiones produce un extraño «no-sé-qué» que impide hacerte ver si la película te ha gustado o no. En este sentido, durante el tiempo de espera, siempre pensé que El despertar de la fuerza sería muy buena o muy mala, sin embargo, y para mi sorpresa, no ha sido ni una cosa ni la otra, si no que, incluso, durante algunas escenas, no parecía estar viendo una película de Star Wars. Y, aunque la trama historia, da la sensación que los realizadores han querido meter muchas cosas en las dos horas de peli. Por ejemplo, aunque el argumento tiene, aproximadamente, la misma profundidad a la que estamos acostumbrados para la franquicia, hay mucha más acción, muchos más escenarios, muchos más personajes, muchas más frases ingeniosas, muchos más diálogos trascendentes, y un largo etcétera de «muchos mases», que, aunque no lo pueda parecer, satura un poco.
Y, para no alargarme más por estos lares, no queda muy claro que ha sucedido durante los treinta años entre los episodios VI y VII, ya que en un mano tenemos un enfrentamiento muy parecido al de Imperio y Rebelión, pero entre la Primera Orden y la Resistencia; mientras que en la otra no para de mencionarse la República como un hecho. Y si la República apoya a la Resistencia, esta ya no se puede considerar una resistencia, al contrario, la resistencia sería lo que queda del Imperio, es decir, la Primera Orden.
Este planteamiento de historia y personajes supone que, aunque sean llamativos, no hagamos más que seguir fijándonos en Han Solo, Leia o Chewbacca y sus tramas, olvidando por completo a los nuevos fichajes que, seguramente, sin la sombra de los personajes clásicos hubieran recalado mucho más entre el público.
Finalmente, aunque esto es más una sensación que una realidad tangible, tengo la impresión que el principal motivo de que las excelentes piezas que nos presenta Abrams y su equipo, es que George Lucas no está detrás. Cuando ves El despertar de la fuerza descubres que es una película hecha de fans para fans, y aunque si eso no es malo del todo, nos olvidamos que sigue faltando un creativo que ofrezca a los fans algo más consistente que frases ingeniosas, detalles y guiños a las anteriores películas. Por mucho que se le criticaran las precuelas, Lucas las hizo pensando en la totalidad de su obra, no solo para contentar el público, sino que las hizo para seguir expandiendo su magnífico universo. En cambio, esta película surge de dos fuentes, por un lado el deseo de los fans de más pelis de Star Wars y, desafortunadamente por el otro, el deseo de Disney seguir explotando una franquicia que, hasta ahora, se había salvado de la sobrexplotación. Vale, había series, videojuegos y millones de merchandising, pero eran derivados no partes esenciales de la franquicia. ¿Qué quiero decir con esto? Que si en lugar de ser el Episodio VII, hubiera sido una de las películas independientes que se esperan, no hubiera sido tan chocante.
Además, no debemos olvidar que el principal hándicap que tiene esta película no es otro que el famosísimo y, personalmente, odiado hype. Las expectativas en una peli de Star Wars siempre están presentes, pero el sistema con el que hoy en día se promocionan los próximos estrenos, puede acabar por destruir la película, seguro que llena más las salas, pero a la vez puede decepcionar a mucho. Entre teasers, trailers, imágenes filtradas y fotogramas, la publicidad nos ha obligado a generarnos una imagen de cómo sería esta película y, seguramente, nadie podía imaginar el resultado. Llegados a este punto, cuando todo el mundo está deseoso de ver una película de las características de El despertar de la fuerza, puede derivar en dos situaciones, que sea tal nuestro entusiasmo que creamos estar viendo una obra maestra, o que nos decepcione por completo. Sin embargo, no es ni una cosa ni la otra, por lo que sales de la sala sintiendo algo extraño que no sabes muy bien como expresar. En este sentido, la industria del cine ha llegado a un punto que, sin darse cuenta, se carga sus propias películas, ya que siempre nos las vende como mucho mejores de lo que son, y ojo que, con esto, no quiero que El despertar de la fuerza sea una peli, pero, al final, se la valorará más por los trailers que realmente por lo que es.
En resumidas cuentas, y sin olvidar que es una película de ciencia ficción más que interesante, El despertar de la fuerza, aunque tiene suficientes elementos básicos del Universo Star Wars, hay dos elementos que, en mi opinión, no debemos pasar por alto: la excesiva expectativa que se ha generado y la ausencia de George Lucas, ya que le sigue faltando algo para convertirse en la esperada continuación de la trilogía original.
Aún con todo, como todavía le queda mucho por recorrer a este trilogía, les vamos a dar un punto de confianza antes de crucificarla como la de las precuelas que, personalmente, siguen siendo muy buenas… Las tres, incluida La amenaza fantasma.


¡Y recordad! Si queréis saber más sobre el Universo Star Wars, sus personajes y sus historias, podéis descargaos nuestro libro... Star Wars. Manual de Supervivencia.

Jungla de cristal (John McTiernan, 1988)

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John McClane es un policía de Nueva York que tras seis meses separado de su mujer y sus hijos y un horrible viaje en avión, llega a Los Ángeles, donde su esposa Holly trabaja como ejecutiva de Nakatomi, una importante empresa japonesa, para pasar las vacaciones de Navidad con ella. Ambos se encuentran en el edificio dónde trabaja Holly para decidir donde dormirá John, pero la relación entre ellos es cuanto menos tensa, incluso cuando ambos intentan solucionar sus problemas, cualquier conversación acaba en discusión. Sin embargo, todo cambia cuando un misterioso y bien preparado grupo de hombres armados irrumpe en el edificio, tomando como rehenes a los únicos que se encuentran en su interior, los empleados de Nakatomi. Por suerte, McClane consigue escabullirse y poner en jaque a los secuestradores. Lo malo es que McClane apenas va armado, no sabe exactamente a que se enfrenta y, para colmo, ha perdido los zapatos, así que no tendrá las cosas muy fáciles para hacer lo que mejor que se le da hacer… Su trabajo.
Sin duda alguna el planteamiento de la historia —procedente de una novela de Roderick Thorp—, un hombre solo, encerrado en un edificio que no conoce, que debe hacer frente a unos criminales muy bien preparados casi completamente desarmado, es un marco inmejorable para dar lugar a una de las películas de acción más trepidantes que se puedan imaginar. Sin embargo, lo que consigue que Jungla de cristal sea lo que es hoy en día, son los personajes que conforman su elenco, sobre todo su protagonista, John McClane. Este policía se ha convertido en uno de los perfiles más perfectos de lo que entendemos como un tipo duro, pero ya llegaremos a ello más adelante.
Antes de hablar de John McClane, lo mejor será conocer a quién se enfrenta, ya que uno de los motivos por los que el protagonista es tan potente, es porque se enfrenta a un enemigo que es igual de carismático que él. El grupo de hombres que se convierten en secuestradores por motivos que no vamos a desvelar, están formados por europeos bien preparados, con aspecto aterrador, altos, rubios y muy cachas, además de ser de gatillo fácil; pero su líder no es así, Hans Gruber, que así se llama el villano de Jungla de cristal, es un hombre pausado y autoritario, que no le hace falta gritar para demostrar quién manda, y mucho más listo que un criminal corriente, ya que lo tiene todo planeado, desde la irrupción en el edificio hasta la intervención de la policía. Además, la brillantez de este villano no reside solo en su planteamiento, sino también en la puesta en escena del actor responsable, un joven Alan Rickman que, mucho antes de convertirse en el malvado Severus Snape de la saga Harry Potter, demostró como tiene que ser un villano de una peli de acción.
Teniendo un rival como Hans Gruber, lo normal era conseguir un héroe que pudiera estar a su altura, y el resultado fue John McClane, un policía que sabe hacer su trabajo y, aunque sus métodos son un tanto discutibles en situaciones normales, es gracias a ellos que puede sobrevivir. Pero, como no podía ser de otro modo, el protagonismo de una cinta de acción no podía residir en unos simples músculos, así que McClane se vale de una oportuno y descarada labia que nos deja una buena ristra de perlas que se han convertido en citas celebres, des del clásico «Yippee ki yay» hasta una de mis favoritas:

Policía: Atención, sea quién sea, este canal está reservado para llamadas de emergencia…
McClane: Oiga, no me joda señorita, ¿le parece que estoy encargando una pizza?

Pasando por notas escritas en camisetas de criminales muertos como «Ahora tengo una ametralladora… Ho-Ho-Ho!», todas ellas prácticamente inigualables.
¿Y quién podía meterse en el papel de un hombre como este? Pues, por arriesgado que nos parezca ahora, para protagonizar esta cina los responsables se decantaron por un actor televisivo conocido por su papel en la serie Luz de luna, un tipo llamado Bruce Willis. Para el actor, el papel de John McClane —que ya ha repetido cuatro veces más, de momento— fue el salto hacia la fama, aquel que le permitió dejar de ser un actor más a ser uno de los actores más cotizados de Hollywood, y la verdad es que se lo merecía, ya que el papel le va como un guante, consiguiendo una simbiosis perfecta entre actor y personaje.
En este sentido, si Rambo y Sylvester Stallone son un tipo duro por la capacidad de matar, Bruce Willis y John McClane lo son por tener la capacidad de, a pesar de la presión, sacar de quicio y tocarles los huevos a los malos hasta el infinito.
El responsable de dirigir a estos dos actores fue John McTiernan—responsable de películas como Depredador (1987), La caza del Octubre Rojo (1990), El último gran héroe (1993) o El secreto de Thomas Crown (1999)—, no solo contó con ellos, sino con todo un equipo de profesionales que hicieron y siguen haciendo las delicias del público: Reginald VelJohnson, en el papel del sargento Powell; Bonnie Bedelia como Holly, la esposa de John; William Atherton como el periodista Richard Thornburg; Alexander Godunov, como el malvado y sanguinario Karl, que se asimila a los villanos que no sienten dolor de Bond; Robert Davi, como uno de los numerosos agentes Johnson que aparecen en la franquicia de Jungla de cristal; o el inmortal Al Leong como uno de los secuaces de Hans.
El resultado final, como os podéis suponer, es un clásico del cine de acción, y a pesar de tener todas las características que la convertirían en una cinta de tiros y explosiones a usanza y sin nada especial, una brillante historia, una impresionante puesta en acción y unos profesionales excelentes, la han convertido en lo que es hoy en día, uno de los referentes del cine, y que ha dado unas secuelas tan increíbles como Jungla de cristal. La venganza (John McTiernan, 1993) y La jungla 4.0 (Len Wiseman, 2007). Y, aunque parezca sorprendente, y muchos lo olvidemos, toda la peli está repleta de referencias navideñas, ya que todo sucede la víspera de Navidad, y, como el chófer de alquiler de McClane dice, «si es así como pasa la Navidad, yo no me pierdo el Año Nuevo».

Top Películas 2015: lo mejor y lo peor

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Finalizando el año, y como es de costumbre, os dejamos con nuestro ranking de las mejores y peores películas que hemos visto en este fructuoso 2015:


Fran Marí
  1. Astérix: La residencia de los dioses / Carlitos y Snoopy. Dos películas, dos géneros, dos tipos de cómics muy diferentes, pero ambas igual de buenas e importantes, ya que consiguen retratar a la perfección el espíritu de sus originales y, a la vez, se convierten en un tributo para sus autores, Goscinny y Uderzo por un lado, y Charles Schulz por el otro.

  2. Operación U.N.C.L.E. Remake de una serie emblemática de la televisión que, si bien consigue mostrar los sesenta y su estilo de vida con una magnífica ambientación, lo hace de una forma fresca y con ese estilo tan de Guy Ritchie.

  3. Tomorrowland: El mundo del mañana. Una película que, personalmente, consigue convertirte en un niño que descubre un mundo nuevo en el que todo es posible, mágico y maravilloso... Bendita inocencia recuperada.

  4. Kingsman: Servicio Secreto. Sin ser, para nada, una parodia de las películas de espías, consigue reírse de ellas con muchos guiños, demostrando que incluso los espías británicos más estirados pueden divertirnos con una acción trepidante y una trama más que perfecta.

  5. The Martian. Simplemente... Sublime. Una muestra de que se puede hacer buen cine sin caer en el típico dramatismo al que tanto recurre la industria. Una peli cargada de positivismo que consigue alegrarte con solo verla.


Xavi Serrano
  1. Star Wars: El despertar de la fuerza. Tras la larga espera ya la tenemos aquí, a pesar de no ser la mejor, cosa difícil de conseguir, es sin duda una buena continuación de la trilogía clásica, diferente y a la vez manteniendo la esencia del universo Star Wars, contando además con mucho momento fanservice.

  2. Kingsman: Servicio Secreto. Película de espías que a priori puede parecer que sea una más del género, pero enseguida descubres que es un auténtico peliculón con el humor y clase típico británico.

  3. Ex Machina. Elegante thriller sobre el hombre y la máquina, excelente guión, grandes personajes y hermoso aspecto visual mezclando lo natural y lo artificial, lo creado por la naturaleza y lo creado por el hombre, sin duda la sorpresa del año.

  4. The Martian. Ridley Scott por fin vuelve a hacer una genial película de ciencia ficción de nuestro planeta vecino, bien rodada con un diseño muy cuidado y con un Matt Damon de lo mejorcito de su carrera.


  5. Mad Max: Furia en la carretera. La mejor peli de acción en mucho tiempo, una lección sobre como rodar una película trepidante, cien por cien adrenalina pura y alto octanaje en las venas. Una película para estar en el olimpo del género.
  6.  

Bastante acertados hemos estado los dos, tanto The Martian como la de Mad Max son de lo mejor que hemos visto en este 2015, dos auténticos peliculones que sin duda pocas cintas podrían superar. Del mismo modo, os mostramos las que son a nuestro parecer las peores películas que hemos visto en este año:


Fran Marí
  1. Los Minions. La película no es necesariamente mala, incluso los personajillos amarillos eran simpáticos con Gru, pero la sobredosis de Minions que hemos tenido este año me lleva a odiarla... Lo siento.

  2. Jupiter Ascending.¿En serio? No sé que se han tomado los Wachowski, tienen buenas ideas, pero parece que Matrix era algo demasiado grande y la gloria les pesa.

  3. Mad Max: Furia en la carretera. Lo siento, cada año hago lo mismo, pero igual que con Interstellar, es una película que se me resiste, ya que, entre otras cosas, no le veo la grandeza por ningún lugar. ¿Hace falta toda esa violencia premeditadamente grotesca?

  4. Cincuenta sombras de Grey. Creo que no hace falta decir demasiado... Mal libro = Mala peli.



  5. Cuatro Fantásticos. La primera víctima de la carrera entre DC y Marvel. Un reboot innecesario argumentalmente, pero sí económicamente, y cuando las cosas se hacen mal y deprisa, el batacazo está asegurado. Además, lo que han hecho con el Dr. Doom no tiene nombre.
Xavi Serrano
  1. Dragon Ball Z: La resurreción de F. Y ya van dos en las que sigo sin ver la esencia de lo que le hacia grande a esta saga, ni Toriyama es capaz de salvarlo de su propia destrucción.


  2. San Andreas. Los tópicos de los tópicos más tópicos del género de catástrofes se dan cita en esta película, lo mejor: los efectos especiales, lo peor: todo.

  3. Rey Gitano. Creí que el director de uno de los mejores "road movies" españoles iba a hacer algo del nivel de Airbag, pero me equivoqué tanto como la elección de Arturo Valls en el papel del protagonista.


  4. Jupiter Ascending. No sé que leches hicieron aquí los Wachowski, básicamente defecaron en un papel y eso les sirvió como guión de la película, de los personajes mejor ni hablamos.

  5. Cuatro Fantásticos. Coincidiendo con mi compañero, es seguramente la peor película de superhéroes, es tan mala que deja a las anteriores películas de los cuatro fantásticos como dos obras de arte. Es lo que tiene hacer una peli deprisa y corriendo solo para renovar la licencia.



Bueno como ya hizo el año pasado con Interestellar, mi compañero vuelve a colocar una de las mejores, en mi caso la mejor, película del año como una de las cinco peores, lo suyo ya es costumbre últimamente, sin duda un ejemplo de la diferencia de opciones, aunque coincidimos plenamente en la de los cuatro fantásticos y la de Jupiter Ascending, por algo será.

Y bueno, el año se acaba y nos espera un 2016 donde los superhéroes vuelven a pegar fuerte, ya no es solo Marvel si no que ahora reaparece en el ring DC Comics con Superman, Batman y el escuadrón suicida. Esperemos que la calidad se mantenga y no se nos sature el cerebro con tanta secuela, ni tanto remake, reboot, renew, reborn, reloquesea. En fin Feliz año a todos.


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