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Top Películas 2015: las más taquilleras

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Terminado el año, es buen momento para conocer las películas que más han recaudado en el año 2015, por eso os dejamos con el ránking de las veinte películas que mas recaudación han tenido a nivel mundial. Las cifras aparecen en dólares estadounidenses:

  1. Jurassic World - $1 668 984 926
  2. Fast & Furious 7 - $1 515 047 671  
  3. Vengadores: La era de Ultrón - $1 405 035 767
  4. Star Wars: El despertar de la fuerza - $1 228 349 526
  5. Los Minions - $1 157 275 017
  6. Del Revés (Inside Out) - $856 130 132
  7. Spectre - $850 604 955
  8. Misión: Imposible, Nación secreta - $682 330 139
  9. Los juegos del hambre: Sinsajo, parte 2-$619 444 461 
  10. Marte (The Martian)-$594 161 725
  11. Cincuenta sombras de Grey-$ 570 489 358
  12. Cenicienta-$542 686 737 
  13. Ant-Man - $519 250 779
  14. San Andreas - $473 790 832 
  15. Hotel Transilvania 2-$456 207 209 
  16. Terminator Génesis - $440 603 537  
  17. Kingsman. Servicio secreto - $414,351,546
  18. HOME. Hogar dulce hogar - $386 041 607 
  19. Mad Max: Furia en la carretera - $375 836 354
  20. V3nganza (Venganza 3) - $326 479 141 
             Fuente: http://www.boxofficemojo.com (31.12.2015)


Como ya se sabía, Jurassic World ha sido la película que más ha recaudado en el año 2015, ya se habló en su momento que fue un éxito brutal cuando superó rápidamente a la de Furious 7, que también tubo mucho éxito en sus primeros días. Nos encontramos con Star Wars ya en la cuarta posición, y eso que hace solo un par de semanas que se estrenó, sin duda aun tiene tiempo de aumentar la recaudación y veremos si llega a convertirse en la mas recaudada como muchos piensan. Como curiosidad decir que Spectre es la película que ha contado con mayor presupuesto (245M), superando por ejemplo a la de Star Wars (200M) o la de Jurassic World (150M). Otro dato curioso es que la de Los Minions es la película más rentable, con un presupuesto de 74M ha superado las 1150M en recaudación, no está nada mal para ser una película de animación. Me sorprende bastante ver a la de Mad Max tan abajo, aunque para ser australiana, tampoco está tan mal.  

Veremos que nos depara este año 2016, con tanta película de superhéroes seguro que es bastante probable que veamos a unas cuantas en el top de 2016. Y para refrescar la memoria no está de mas ver una recopilación de las películas estrenadas en 2015, hasta la próxima.



De culos y opiniones: una crítica a los críticos. Por Francesc Marí

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Siempre he sido una de aquellas personas que, desde muy pequeño, ha disfrutado viendo películas, en el cine o pegado a la televisión —y ahora en la pantalla de mi ordenador—, por lo que no fue de extrañar que acabara escribiendo sobre cine. Oficialmente, empecé mi andadura como crítico en 2010 de la mano de uno de los grandes teóricos de nuestro país. El camino que seguí fue el habitual, primero escribes sobre un par de estrenos, luego te pasas a los clásicos y montas tu propio blog —que no es LASDAOALPLAY?—, y acabas escribiendo sobre todo tipo de películas y géneros… Hasta que te pillas los dedos queriendo abarcar más de la cuenta, llegando a ese momento de reflexión que todo crítico debería tener algún día, muy parecido al que tuvo Anton Ego en Ratatouille:

«En muchos sentidos, el trabajo de un crítico es fácil. Arriesgamos poco porque gozamos de una posición que está por encima de los que exponen su trabajo y a sí mismos a nuestro criterio. Nos regodeamos en las críticas negativas que son divertidas de escribir y de leer. Pero el hecho más amargo que debemos afrontar los críticos es que, a la hora de la verdad, cualquier producto mediocre tiene, probablemente, más sentido que la crítica en la que lo tachamos de basura. Pero hay veces en las que un crítico realmente se arriesga en pro del descubrimiento y de la defensa de algo nuevo. El mundo es hostil para los nuevos talentos y las nuevas creaciones. Lo nuevo necesita amigos».

Te das cuenta que es cierto, que todo aquello que tú has proclamado durante años en tu supuesta objetividad, no son más que tonterías que, dependiendo de quién las mire, las puede considerar acertadas o no. El problema de esto no está en que alguien se otorgué la objetividad, sino que esta ya está otorgada y en posesión de personas que destrozan, por ejemplo, una película por tener demasiados efectos especiales y alaban a otra por tener más de cincuenta años de antigüedad.
Estas personas, a las que denomino «críticos de manual», son aquellos que consideran que sus opiniones son las únicas válidas cuando se habla de cine —aunque también es extrapolable a otros medios—, y los que consiguen arruinar una película, indiferentemente si esta es buena o no. Confundiendo su opinión con la verdad objetiva y absoluta, algo que conlleva que si una película no les gusta, significa que es mala y viceversa.
Estos «críticos de manual» son los que menosprecian el doblaje, sin aceptar que ha sido gracias a él que haya tanta gente interesada en el cine; son los que recomiendan películas que solo se proyectan en dos salas en versión original, infravalorando aquellas que son llamadas «películas comerciales»; son aquellos que confunden que una película sea una obra de arte con que sea un buen espectáculo, algo que, habitualmente, no coincide.
Con todo esto no pretendo postularme como un profeta de la crítica cinematográfica, sintiéndome superior a los demás por ser sabedor de una gran verdad —no soy el único que se ha dado cuenta de esto—, al contrario, reniego de ellos. Nunca he creído que mis opiniones tengan que ser tomadas como palabras divinas, sino que siempre he intentando que sirvan al que las lee como la recomendación que haría un amigo, del estilo «ve a ver esa peli» o «léete ese cómic». Siendo plenamente consciente de que mi opinión es igual de válida que la de cualquier otro —siempre he defendido que cualquiera que haya visto más de diez películas es capaz de convertirse en un crítico aceptable—, sobre todo, porque cuando hablo de cine, literatura o televisión, me gusta hablar de las películas, cómics, libros y series que a mi me gustan, de lo contrario seguramente haría todas las críticas negativas.
A pesar de los años que llevo escribiendo sobre cine y tratando con especialistas, sigo sintiéndome una persona más del público, que cuando lee una crítica cinematográfica espera encontrarse una opinión que sea válida para saber si vale la pena ver una u otra película, o algún detalle sorprendente de alguna película que ya he visto. Sin embargo, sigo topándome con el muro de estos «críticos de manual», que siguen queriendo descubrir un significado oculto que ni los propios directores, guionistas y responsables en general, desconocen que exista.
La mayoría de cineastas nunca creyeron que tras sus fotogramas —palabras o viñetas— hubiera otro mensaje oculto que no fuera el de narrar una historia utilizando unos u otros medios. En mi mente quedó grabado en fuego la ocasión en la que, saliendo del preestreno de una película de superhéroes —en versión original, por supuesto—, pude escuchar como un grupo de estos supuestos «entendidos» debatían acaloradamente sobre el mensaje que el director les quería mandar con esa película: «que si la diferencias de clases», «que si el poder del hombre blanco», «que si las tendencias racistas del guionista», «que si patatín, que si patatán»… ¡Por Dios, que se trata de una película de superhéroes! ¡No hay mensajes ocultos! ¡No hay segundas interpretaciones! ¡Es un tío con poderes que salva al mundo!
Del mismo modo que, si bien todos los cineastas se consideran artistas, cuando ruedan sus películas no piensan en rodar una obra de arte, sino un entretenimiento para un público. Y es que muchas veces a estos «genios» de la crítica cinematográfica se les olvida una premisa básica sobre el sector de la industria cultural que estudian, y es que el cine es, ante todo, un espectáculo, cuya única misión es hacer pasar un buen rato —sea riendo, sea llorando, o sea alucinando— a un espectador. El problema de estos olvidadizos teóricos del fotograma, no es tanto que ellos se olviden, sino que al olvidarse ellos, hace que gran parte del público también lo haga, criticando películas negativamente por su banalidad, y ensalzando otras por su profundidad filosófica. En este sentido, no es de extrañar que después del estreno de una película de cierta popularidad, a resultas de esto, de la noche a la mañana aparezcan un sinfín de personas que critiquen a un director por un mensaje feminista o machista que solo ellos han visto, o lo conviertan en un ser casi divino, porque se ha documentado para hacer una película de ciencia ficción.
Pero es que olvidamos lo más importante del cine, y es que cada película es el trabajo de un incontable número de personas, sean actores, directores, guionistas, o los pobres becarios que traen el café. Y cada vez que nos encarnizamos con crueldad en una de las pocas deficiencias de la película, afirmando que, en su totalidad, es una porquería, estamos infravalorando el trabajo y el esfuerzo de esas personas. ¿Qué les parecería a los «críticos de manual» que cada vez que una de sus críticas se hiciera pública hubiera un ejército de detractores listos para hacerle notar que en un sitio se ha dejado una coma o, en otro, una letra? Seguramente, no les gustaría, como a cualquier otra persona que la criticasen por el trabajo que tanto se ha esforzado en hacer.
Y con esto no estoy diciendo que debamos ser benévolos con todas las películas, sino que si criticamos, lo hagamos de forma constructiva. No vale el «esta película es una mierda porque yo opino eso», sino que si realmente es una mierda, se explique el porqué de tal opinión. Ya que, aquello que para algunos puede resultar una auténtica bazofia, para otros puede ser el plato más suculento que le podían servir a sus sentidos.
Con estas palabras quiero que los críticos que se han erigido en lo alto del saber teórico del cine, bajen de sus tronos y vean, con sus propios ojos, que, en muchos aspectos, no tienen razón. Deben comprobar por ellos mismos que las películas que ellos recomiendan, por muchos premios que puedan ganar —comprados o no—, no son éxitos de taquilla, mientras que lo que vilipendian con sadismo, marca éxitos históricos en taquilla. ¿Y eso que quiere decir, querido amigo lector? Pues que cada uno de nosotros, tiene su propia versión de lo que quiere decir una buena peli.
Tan solo a modo de epílogo, decirles a aquellas personas de piel fina que hayan podido ofenderse con estas reflexiones, considerándolas relevantes y objetivas —cuando está claro que son todo lo contrario—, les recuerdo algo que deberían tener en cuenta al leer este artículo o al escribir los suyos propios, y es que, como bien dijo el gran Harry el Sucio en La lista negra: «Las opiniones son como los culos. Todo el mundo tiene uno».

Los odiosos ocho (Quentin Tarantino, 2016)

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Antes de empezar a hablar de The Hateful Eight—lo siento, la traducción de Los odiosos ocho me supera, haciendo que la peli pierda solo por el título—, debemos tener dos cosas muy claras:
Primera:The Hateful Eight no tiene nada que ver con Django Desencadenado. Sí, es un western de Quentin Tarantino, pero hasta ahí, nada más que ver. Mientras que Django es un claro tributo a los spaghetti western de los sesenta, con la típica patina sanguinolenta de Tarantino, The Hateful Eight es mucho más que eso.
Segunda: Si nos dijeran que The Hateful Eight no es una película de Tarantino, habría momentos que nos lo creeríamos. Hay ciertos elementos imposibles de evitar, como la colección de tacos, la repetición hasta el infinito de la palabra «negro» y cierto nivel de sangre, pero no son más que una cubierta, ya que la historia que nos cuenta está tan alejada de lo que nos había mostrado hasta ahora, tanto en contenido como en continente, que rápidamente nos olvidamos de los tacos y la sangre.
Unos años después de la Guerra de Secesión, durante una fuerte ventisca de nieve arremete en las salvajes montañas de Wyoming, ocho extraños personajes deberán recluirse en una pequeña cabaña de paso en mitad del camino para protegerse del temporal. Un cazador de recompensas, un verdugo, su prisionera, un sheriff, un mejicano, un hombrecito, un vaquero y un general confederado. Lo curioso es que, todos parecen no conocerse, pero a medida que las palabras vuelen por el aire, también lo harán las balas.
En las frías horas de la noche, los personajes se darán a conocer en unos diálogos en los que la tensión ira in crescendo, pero la forma de presentarlo, siempre da la impresión de que no sucederá nada, y solo será una larga e incómoda noche. Pero sabemos que Tarantino no es así. Llegados a este punto, en el que parece que la historia se ha estancado y solo nos falta esperar a que Tarantino derroche toda la sangre falsa que todavía no ha utilizado, de repente… ¡Pam! Aparece un pequeño hecho que te atrae nuestra atención de nuevo hacia la trama, haciendo que esta tome una dirección completamente diferente de la que había tenido hasta ahora.
La puesta en escena, si bien espectacular y muy cuidada, es muy sencilla. En muchos sentidos podría decirse que es una película de estilo teatral, hay pocos personajes y toda la acción —o al menos la principal— transcurre en un solo escenario que será partícipe de todo lo que suceda en él. Una cabaña perdida en las montañas de Wyoming, aislada durante una fuerte ventisca, es el escenario perfecto para que cualquiera historia se desarrolle…
Pero, ¿quiénes son los «odiosos ocho»? Antes de responder a esta pregunta, debemos saber que, ninguno de ellos, está en la cabaña sin una maldita buen razón.
Samuel L. Jackson es el Mayor Marquis Warren, un oficial de color del ejército del Norte, que una vez acabada la guerra se ha reconvertido en cazador de recompensas, un hombre que no duda en disparar contra aquel que le pueda dar unos buenos mil dólares. Un hombre inteligente y, que durante toda la película, nos demostrará que, a pesar de la situación, siempre está un paso o dos por delante de los demás.
Kurt Russell interpreta a John Ruth, un verdugo o «ahorcador» que se dedica a cazar su propias presas, aunque, a diferencia de Warren, lo hace con vida para poder colgarlas de lo más alto del cadalso y hacer justicia. Un hombre duro y desconfiado, que hará todo lo que esté en sus manos para llevar a su prisionera a Red Rock, donde cobrará la recompensa.
Jennifer Jason Leigh es Daisy Domergue, la única mujer «odiosa», una asesina condenada y cuya cabeza vale sus buenos diez mil dólares. A pesar de recibir constantes castigos de Ruth, Daisy no dudará en abrir la boca cuando pretenda decir algo, aunque con ello se gane un puñetazo o taza de café ardiendo en la cara.
Walton Goggins da vida al flamante sheriff de Red Rock, Chris Mannix, que viaja para tomar el cargo que el gobierno de la Unión le ha concedido, aunque en su interior es un auténtico hombre del Sur, por lo que tendrás sus más y sus menos con el Mayor Warren, y aunque muchas veces parece un bocazas imbécil, al final sabrá tomar una buena decisión y reconocer quiénes son los buenos.
Demián Bichir es Bob, un mejicano al cargo de la cabaña de Minnie y Sweet Dave, los dueños, que se hace responsable de todo, desde la cocina a los caballos, para que sus huéspedes puedan pasar de la mejor manera la noche bajo la ventisca que los acecha. Sin embargo, es un hombre muy lejos de su hogar, por lo que tiene más de un secreto que esconder.
Tim Roth interpreta a Oswaldo Mobray, el supuesto nuevo verdugo de Red Rock, que se hará cargo de la ejecución de Daisy Domergue en cuanto lleguen a la ciudad. Es un hombrecillo astuto que hace su trabajo y que aborrece la violencia, intentando poner paz en todos los posibles conflictos que se presenten en la cabaña. Aún así, parece saber más de lo que cuenta.
Michael Madsen se pone en la piel del misterioso Joe Gage, un vaquero de camino a casa de su madre por Navidad, y que está escribiendo su propia biografía. A pesar de que intenta mantenerse apartado del resto de miembros de la cabaña y de sus discusiones, para conocer muy bien como funciona el lugar, dónde están las cosas, y que hay más allá de sus paredes, da la impresión de que estuviera esperando algo.
Finalmente, el veterano Bruce Dern interpreta al General Sandfor «Sandy» Smithers, un antiguo oficial del sur que se ve obligado a vivir en un país cuyas leyes no comparte, aunque ya no tiene edad para discutir con los del Norte. A pesar de un sangriento pasado al mano de la caballería de los Confederados, aún parece ser un venerable anciano en busca del desaparecido hijo.


Esto es como los personajes se presentan durante los primeros capítulos de The Hateful Eight, pero debo advertiros de que no todos son lo que parecen, y que más de dos mienten como auténticos bellacos. ¿Quiénes? Ahí está la clave de la historia que nos presenta Tarantino.
Seguramente os estaréis preguntando, si estos son los «ocho», ¿a quién interpreta Channing Tatum? Pues excelente pregunta, id a las salas y disfrutad del giro argumental que nos sorprenderá a todos, en el que también participarán James Parks, Dana Gourrier, Zoë Bell, Gene Jones, Lee Horsley, Keith Jefferson, Craig Stark y Belinda Owino.
Lo primero que sorprende es que, como ya comentaba al principio, es la poca cantidad de sangre que hay en The Hateful Eight. A pesar de que hay mucha pintura roja, esta película no es clásico derroche de sangre al que nos tiene acostumbrados Tarantino. Pero no nos confundamos, The Hateful Eight es una película violenta, muy violenta, incluso más que algunas de sus predecesoras. Sin embargo, esta violencia es muy realista, muy seria y muy cruda, a la vez que está muy bien dosificada durante las tres horas de película, de tal manera que pasa a un segundo plano.
En este sentido, uno de los elementos que más llama la atención es que The Hateful Eight no es un western a usanza. Sí, tiene todos los elementos para serlo, pero tanto la historia como la forma de presentarla, en la que Tarantino vuelve a utilizar sus famosos «capítulos», cual libro. Como también he querido puntualizar al principio, The Hateful Eight no se parece a Django Desencadenado y, por lo tanto, tampoco se parece a los spaghetti westerns de los sesenta, pero tampoco se parece a la obra de John Ford o sus semejantes, sino que es otro estilo de western. La forma de presentarla —con el recortado elenco y el único escenario— impide los grandes duelos bajo el sol, o las idas y venidas a lomos de caballos al trote, sino que es un obra en la que todo el peso recae en el guión y en la interpretación de los protagonistas. Además, si bien hay disparos, contadas son los balas que se desperdician, y ninguna es la ocasión en la que se vacía el cargador sobre alguien, sino que cada vez que se desenfunda un revólver, es por una más que justificada razón argumental. No los he contado, pero poco me equivocaría al decir que solo se efectúan una veintena de disparos, algo que en Django se sobrepasa en una sola escena. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que nadie vaya a salas esperando ver algo parecido a Django, ya que se encontrará con un western más serio y con una trama muy bien elaborada y sin brechas, en mi humilde opinión, The Hateful Eight es un western de estudio, no es un gran espectáculo, sino una gran película.
Aunque en el pasado, justo después del estreno de Django Desencadenado, el mismo Ennio Morricone, uno de los maestros de las bandas sonoras —sobre todo de westerns—, dijo que jamás trabajaría con Tarantino, parece que la nueva dirección de este western, lo convenció para hacerlo diferente. El maestro italiano compuso una banda sonora original de unos cincuenta minutos, haciendo que, por primera vez, Tarantino haga una película musicalizada de este modo. Aunque, como no podía ser de otro modo, el de Knoxville utilizó canciones que nos sonarán —aunque no a western, como fue el caso de Django—, con canciones pertenecientes a títulos tan diferentes a un western como La cosa (John Carpenter, 1982) o Exorcista II: El Hereje (John Boorman), también compuestas por Morricone.
Para seros sincero, es una película que me ha dejado literalmente apabullado. Cuando el último fotograma se fundió en negro y empezaron a salir los créditos, me quede sin habla, simplemente me pareció perfecta y muy bien hecha, tanto en la forma como su historia. Es por este motivo, creo, sin temor a equivocarme, que, para mí, el tan esperado año 2016, cinematográficamente se ha acabado a primeros de enero, justo después de ver The Hateful Eight. Si me dijeran, este año ya no se estrena ninguna película más, mi respuesta sería: «¡Me da igual! Siempre tendré The Hateful Eight».

Narcos T.1 (Netflix, 2015)

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Pablo Emilio Escobar Gaviria, más conocido como el Patrón, es posiblemente el narcotraficante más importante de todos los tiempos, su fortuna fruto del tráfico de cocaína superaba los miles de millones de dólares, era tan grande su popularidad como su actos terroristas, que lo vinculan al asesinato de más de 10000 personas, tal era su poder que hasta puso en jaque a su país natal Colombia. Narcos nos traslada a los años ochenta, donde veremos cómo este personaje pasa de ser un traficante más, de los muchos que hay en ese país, a ser el más importante y peligroso de todos.
A todos nos suena el nombre de Pablo Escobar y no es la primera vez que se lleva a la pantalla, a parte los documentales típicos, tenemos la serie Escobar, el patrón del mal (2012), una telenovela Colombiana bastante popular, o por ejemplo la última película que se hizo Escobar paraíso perdido (2014), con el propio Benicio Del Toro como protagonista. Pero sin duda la serie Narcos es la que mejor refleja su historia.
La serie se centra en los esfuerzos de los estados unidos, a través del departamento de operaciones de la DEA y las autoridades y policía de Colombia para dar caza al Cartel de Medellín del cual el líder es Pablo Escobar. El protagonista de la DEA nos va narrando las situaciones por las que pasaban para pillarle y nos hace resúmenes de algunas situaciones para que nos vaya quedando clara la historia, es una forma muy amena de resumir momentos ocurridos de Pablo Escobar, lo mejor de todo es que estos hechos se apoyan de los hechos ocurridos realmente, y nos muestran de vez en cuando grabaciones reales de la época, de telenoticias, prensa, fichas policiales, etc, algo que dota de mucho realismo la serie llegando incluso a parecer una serie biográfica. A pesar de eso, no pierde ritmo y no deja de ser una serie del estilo policiaca, donde aparte de ver el lado de la policía para atrapar al el capo vemos el lado de este para intentar evitarlo. 
En una serie así es muy importante el elenco de personajes, nuestro prota es el agente de la DEA Steve Murphy (Boyd Holbrook) que junto a su compañero Javier Peña (Pedro Pascal) serán los encargados de intentar meter entre rejas a Escobar. Ambos harán lo que haga falta, tanto dentro como fuera de la ley para pillarle, todo eso mientras el propio gobierno de Colombia también quiere darle caza al narcotraficante. Para el papel de Pablo Escobar han cogido a Wagner Moura, un actor brasileño de físico parecido cuyo principal hándicap es conseguir ese acento "paisa" de Colombia, y es aquí donde seguramente más críticas y diferencias de opiniones habrá. Porque a pesar de ser una serie estadounidense, en la mayoría de casos los personajes hablan en su propio idioma natal, nada de lo típico que nos encontramos en muchas series americanas que todos hablan en inglés pero con un poco de acento y ya está, aquí si es latino hablará en castellano con sus compatriotas, es por eso que si el actor no es del mismo país al que interpreta los acentos,  para muchos no quedarán bien, esto sobretodo lo notarán mas en latinoamérica donde distinguen mejor los acentos de cada país. Un español o alguien que no hable castellano no va a detectar esos fallos. A pesar de esos "problemillas" Wagner Moura es del todo creíble y hace un muy buen papel de Escobar, así como el resto de actores, no hay ninguno que desentone demasiado.
La primera temporada consta de 10 capítulos los cuales no terminan la historia de Pablo Escobar, es por eso que ya está en marcha la segunda temporada, la serie ha pisado fuerte y es una de los mejores estrenos que se han visto en 2015, esperemos que en 2016 siga igual. Una buena puesta por parte de Netflix cuya principal ventaja a la hora de ver las series es que las temporadas se se suelen estrenar enteras, nada de ir esperando cada semana a que llegue un capítulo nuevo, de esta manera tú eliges cuando verlas, claro que cuando son series muy buenas como esta te las vas a ver en un periquete. 


Cuando las franquicias mataron el cine. Por Francesc Marí

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Ahora mismo, estamos en una época en la que la industria del cine está gobernada por las grandes franquicias, como Marvel, DC, Harry Potter, Bond, Star Wars, que generan miles de millones en ingresos al año para sus respectivos responsables. Además, por lo que parece, la mayoría de realizadores, productores y estudios sueñan crear franquicias nuevas que explotar en taquilla, y así gobernar la industria.

«Una franquicia para gobernarlos a todos, una franquicia para encontrarlos, una franquicia para atraerlos a todos y atarlos en las butacas eternamente».

¿Por qué parafraseo a El Señor de los Anillos? Muy sencillo, ya que es el ejemplo perfecto para entender esta situación. A finales de los noventa, un director neozelandés prácticamente desconocido, Peter Jackson, se hace cargo de uno de los proyectos más ambiciosos de la historia del cine, llevar a la pantalla la historia creada por J. R. R. Tolkien. ¡Genial! Se hacen tres películas para tres libros, rodadas como una sola —del mismo modo que el escritor dio a luz su obra—, pero no todo es tan bonito como parece. Unos cuantos años después, los productores de ESDLA deciden que quieren sacar más jugo al universo de la Tierra Media, cogen el libro de El Hobbit—que de por sí ya es más breve que cualquiera de la trilogía de El Señor de los Anillos—, y en lugar de hacer una sola peli, fuerzan toda la maquinaria para hacer tres… ¿En serio? ¡¿Tres?! ¿Por qué lo hicieron? Muy sencillo, por lo mismo que mueve este mundo, más dinero.
Pero estoy divagando, volviendo al tema de las franquicias, lo que para todos es más que evidente, la lucha entre Marvel y DC, entre Disney y Warner, parte de una carrera casi armamentística para ver quién la tiene más grande… La franquicia, claro. Al principio, el Universo Cinemático de Marvel nació de rebote, Iron Man tiene éxito, Iron Man 2 también, etcétera, etcétera… Todos conocemos la historia. Pero ¡Alerta!, que no solo existen héroes en Marvel, que los señores de Warner-DC, tienen a Batman, que salía de completar una brillante trilogía sobre el caballero oscuro de la mano de Christopher Nolan, y Superman. Pues ala, damos el pistoletazo de salida para empezar a generar un universo dónde no había ninguno, solo por el hecho de no permitir al otro hacer lo que le plazca. Esto es un «yo también, más y mejor», como si fueran críos. Y claro, si DC saca sus pesos pesados, Marvel también, pues las compañías que tienen derechos sobre algunos de sus superhéroes, como Spider-Man o Los Cuatro Fantásticos, se apuntan al carro provocando lo inevitable… El desastre.
Vale que no todo es malo, lo admito, pero entre tanto bombazo taquillero, en el que todos los que tengan una trilogía parecen estar obligados a sacar cuartas y quintas partes completamente innecesarias, por muy entretenidas que sean. Sin embargo, en medio de toda esta vorágine de estrenos de supuestos peliculones pertenecientes a las mil y una franquicias, ha habido muchos heridos y demasiados heridos. A los casos de los ya mencionados Spider-Man o Los Cuatro Fantásticos, deberíamos sumarle entregas que pueden destrozar una franquicia: Linterna Verde, La jungla: Un buen día para morir, Terminator Génesis, Piratas del Caribe: En mareas misteriosas, por poner algunos ejemplos. O supuestos inicios fallidos de una nueva franquicia que parece no estar a la altura de las expectativas —que para aquellos modernos que no lo sepan, me estoy refiriendo al «hype»—, pero ¿realmente eran tan malas estas películas?
Después de este amplio rodeo, por fin llegó a lo que me ha traído a escribir este rollo, ¿todas esas películas que querían sentar las bases para una nueva franquicia eran tan malas como todo el mundo afirma? Para responder a esta pregunta, me fijaré en tres casos, todos ellos de Disney, pero planteados desde situaciones diferentes. Estoy hablando de John Carter (2012), El llanero solitario (2013) y Tomorrowland (2015).
El primero fue un proyecto atrevido, el segundo fue una apuesta sobre seguro y el tercero fue intento por repetir un éxito, pero todos ellos tienen dos cosas en común: fracasaron en taquilla —si repasamos los números, a pesar de ser grandes producciones que rondaban los doscientos millones de dólares, recaudaron poco más que eso, justito para pagar los gastos y no perder dinero—, y tanto crítica como público los vilipendió con crueldad, pero ¿por qué?


En el caso de John Carter (2012), fue algo muy atrevido, al recuperar un héroe del pasado e intentar revivirlo en el siglo XXI. Había funcionado otras veces ¿qué podía pasar? basada en uno de los grandes libros de la ciencia-ficción espacial, la serie de libros de Edgar Rice Burroughs, se destinó grandes sumas de dinero a unos espectaculares efectos especiales y, aunque es dónde más cojea, se contrató a un reparto bastante llamativo, todo ello bajo las órdenes de un director de éxito como es Andrew Stanton —Bichos, una aventura en miniatura (1998), Buscando a Nemo (2003) o WALL·E (2008), todos de animación, pero éxitos al fin y al cabo—, entonces ¿qué sucedió para que fuera considerada una de las peores películas del 2012?


El segundo caso, El llanero solitario (2013), fue algo distinto al anterior. Si bien se recuperó un viejo personaje de la radio y la televisión de los años treinta y cincuenta, en esta ocasión, en lugar de arriesgarse con un reparto flojo y un director poco experimentado al trabajar con actores, se recurrió a la misma fórmula que había triunfado en Piratas del Caribe: Gore Verbinski + Johnny Depp. Lo que se intentó es reproducir la trilogía pirática en el Lejano Oeste. De nuevo, efectos especiales, grandes actores, una buena historia, bastante original para lo que estamos acostumbrados en los años que corren, pero, de nuevo, fue un fiasco en taquilla, crítica y público. ¿Qué pasó?


Finalmente, el caso más reciente se plantea desde un punto de vista similar, pero exactamente desde la misma óptica. Tomorrowland, también dirigida por un experto de la animación como es Brad Bird, aunque con cierta experiencia dirigiendo actores, en concreto, Misión imposible: Protocolo fantasma (2011), se cogió la misma idea de partida de Piratas del Caribe, cogemos una de las atracciones más famosas de los parques de atracciones de Disney y la llevamos al cine, otorgándole una profundidad argumental que, de por sí, carece. Una vez más, se reúnen grandes efectos especiales, un excelente reparto y una historia más que original, ¿qué ocurrió para que haya pasado sin pena ni gloria por la taquilla mundial? Admito que la intención de Tomorrowland no es la de crear una nueva franquicia, sin embargo, si hubiera tenido éxito, ya estarían programando todo un universo cinematográfico a su alrededor.
Me veo obligado a admitir que, en ninguno de los tres casos, estamos hablando de obras maestras del séptimo arte, pero no por ello deben ser tratadas como todo lo opuesto. En este caso, ¿qué sucedió con ellas? Tenían una buena historia, un buen director y un excelente equipo, tanto técnico como artístico, además de un estudio como es Disney detrás capaz de mover grandes cantidades de personas a su alrededor. ¿Cuál es el motivo para que pasaran desaparecidas o se convirtieran en lo peor de sus respectivos años? Pues la respuesta es muy sencilla… El momento.
Sí, sí, así de simple. El motivo por el cual estas películas literalmente se estrellaron fue el momento en que se estrenaron. Para aquellos que duden de esto, preguntaos ¿qué hubiera pasado con Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra, si se hubiera estrenado diez años después de cuando lo hizo? El batacazo hubiera sido muy parecido al de estas películas. Por mucha estrella, mucho efecto especial y mucho profesional que hubiera detrás, el tipo de historias, argumentos y tramas con las que juega —tanto la primera entrega de Piratas del Caribe como John Carter, El llanero solitario y Tomorrowland— no encajan en la mentalidad que tiene el público hoy en día. El concepto de base es que son películas familiares que tratan temas adultos, pero que tienen la capacidad de entretener a grandes y pequeños.
En 2003, cuando se estrenó Piratas del Caribe, el cine venía de una época no muy buen, las películas de animación de éxito se podían contar con los dedos de una mano, las películas de aventuras habían pasado a mejor vida, y solo se aguantaban, aunque por los pelos, el cine de acción y romántico. Y entonces, de repente, sin que nadie se lo esperara, aparece una gran producción, al estilo de la época dorada del cine pero hoy en día, que tiene todo lo esencial para que guste a todo tipo de públicos. Ahora, en cambio, más de diez años después, cuando cada semana tenemos un estreno de este tipo —o, como mínimo, que puede atraer a gran número de personas a las salas—, películas como John Carter, El llanero solitario o Tomorrowland no serán más que, en el mejor de los casos, una película del montón y, en el peor, el fracaso del año.
Hoy en día, cada vez que pisamos una sala de cine, esperamos gran número de explosiones, personajes carismáticos con chascarrillos continuos, y una escena post-créditos que nos haga esperar con emoción la siguiente película, aunque sepamos que ya está programada para un día concreto seis meses después.
Con todo esto, ¿qué quiero decir? Pues que, a pesar de que muy a menudo se estrenan películas de gran calidad como espectáculo, el hecho de, por un lado, ser tan continuas y, por el otro, estar, por defecto, afincadas en una franquicia, no está convirtiendo en unos comodones, tanto al público como a los realizadores. Ellos hacen cine sobre seguro; mientras que nosotros no nos arriesgamos a sentirnos decepcionados con algo nuevo, si con la quinta, la sexta o la vigesimocuarta entrega de algo que ya conocemos, estamos satisfechos. ¿Quién se atreve a hacer una película que no tiene el respaldo de tres anteriores? ¿Quién se atreve a ir a las salas a ver algo cuyo argumento no se viene planteando desde hace años? Absolutamente nadie. Y aún hay menos gente dispuesta a admitir que, si bien podemos estar viviendo una muy buena época en el cine, los cimientos sobre la que se sustenta son, como poco, tambaleantemente preocupantes. Lo que nos llevará, tarde o temprano, a enfrentarnos al hecho de qué sucederá cuando la gente esté agotada de tanto superhéroe.
Así que, llegados a este punto, creo, si bien no podemos renunciar a estos tipos de estreno —ya que sería absurdo—, deberíamos replantearnos la manera en que llegan a nosotros. Por poner un último ejemplo, el estreno de Star Wars. Episodio VII: El despertar de la fuerza, es uno de los más esperados porque, dejando de lado las expectativas, hace diez años que se estrenó lo último de esta franquicia, y más de treinta del episodio precedente. Sin embargo, a partir de ahora, y durante, como mínimo, seis años, se prevé una película de Star Wars al año —no cada tres como había sido en los casos de las originales y las precuelas—, ¡Cada año! Es como si la franquicia Bond, que estrena con tiempo suficiente para digerir tanto sus entregas buenas como las malas, además de producir las películas de la saga principal, se dedicará a hacer spin-off de Q o Moneypenny.
Si, estos estudios que creen que satisfacen al consumidor saciándolo con una media de dos películas de cada franquicia al año, tuvieran la visión de espaciar más estos estrenos, o hacer una cosa tras otra, no todas a la vez —iremos a ver la película de Boba Fett igual, tanto si está entre el episodio VIII y el IX, como si se estrena después—, tendríamos la oportunidad de que películas muy prometedoras destacaran un poquito más, consiguiendo que, cada año, disfrutáramos y recordáramos más películas a parte de Marvel XXIII y Star Wars XIX.

Carlitos y Snoopy: La película de Peanuts (Steve Martino, 2015)

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Charlie Brown es… Bueno, es Charlie Brown. No es un genio en los estudios, no consigue golpear al balón, y es inoportunamente patoso. Lo que metafóricamente se expresa en que es incapaz de hacer volar una cometa, es decir, un fracaso. Todos sus amigos lo saben y ya se lo esperan, pero todo cambia cuando llega a la escuela un nuevo alumno, en realidad, una chica, a la que Charlie llama: «la niña pelirroja», de la que se enamora perdidamente. Al ser una persona que no lo conoce, no sabe que es un fracaso, y eso le permite causar una nueva primera para demostrar que, en realidad, sí que sabe hacer volar una cometa. Con la inestimable —aunque a veces demasiado atrevida— ayuda de su fiel perro Snoopy, Charlie Brown hará todo lo que esté en sus manos para impresionar a «la niña pelirroja», mientras que el cánido explorará su talento como escritor de historias de la Primera Guerra Mundial.
Aunque antes de esta han existido cuatro películas más, así como series de televisión, álbumes musicales y todo tipo de productos derivados, esta es la primera película alrededor de Charlie Brown y Snoopy que funciona como un tributo a Charles Schulz y su obra en el mundo del cómic. El punto de partida no podría ser mejor en este sentido, ya que el hijo de Schulz, Craig, tuvo la idea de llevar a cabo una nueva película con la ayuda, a la vez, de su propio hijo y, por tanto, nieto del dibujante. Algunos podrían decir que lo hicieron para seguir nutriéndose de la fama de la obra de su padre, sin embargo, una vez ves la película, descubres que es una historia y una adaptación hecha desde el deseo de hacerla, no de ganar dinero con ella. En todo momento se comprueba que se ha querido respetar la obra de Schulz al milímetro —hijo y nieto estipularon, como condición sine qua non, que mantendrían todo el control de calidad del legado de su padre—, no solo en la historia sino, sobre todo, en el estilo de la peli.
La historia, aunque parece nueva, recurre a antiguas tramas establecidas con anterioridad para Charlie Brown y compañía, cuando todavía el propio Schulz controlaba su obra. Además, durante toda la cinta se recurre a elementos clásicos de los cómics, y no como simple guiños, sino como elementos en la trama reconocibles para todos aquellos que conocían a estos personajes antes de esta película. Desde Snoopy durmiendo sobre de su caseta con Woodstock, a los escenarios conocidos como la pista de hielo o la de béisbol, pasando por la mantita de Linus, las consultas psiquiátricas a cinco centavos de Lucy, o las escenas de Snoopy pilotando su caseta cual caza de la Primera Guerra Mundial contra el Barón Rojo.
Si el contenido y el argumento tienen una clara impronta de la obra de Schulz, el estilo utilizado aún lo tiene más acentuado. El equipo al completo ha trabajado para que cada fotograma contenga una visión muy similar al estilo de dibujo de Schulz, pero adaptada a la tecnología cinematográfica de hoy en día. Es decir, aunque todos los personajes están tratados con la animación digital de las tres dimensiones, son muchos elementos que mantienen el trazo plano y de líneas temblorosas de Schulz, incorporándose a la acción utilizando un sistema muy parecido al cell-shading. Aparecen líneas de acción después de que algún personaje salga corriendo o tras el vuelo de Woodstock, o en las expresiones de todos los personajes. Esto da lugar a una combinación perfecta entre el nuevo y el viejo estilo de animación, a la vez que consigue conservar la esencia de las viñetas de The Peanuts.
Finalmente, todo esta adaptación no sería del todo perfecta si la banda sonora hubiera fallado, pero no ha sido. La producción ha conseguido incluir las clásicas canciones de los series y películas de animación anteriores, tan relacionadas con los personajes y las historias, como Snoopy y Charlie Brown.
El resultado final es que The Peanuts Movie es una de las mejores películas de animación del año, y aunque no aporta nada nuevo, lo que nos muestra es tan sublimemente cuidado, que se disfruta tanto como las viñetas de Charles Schulz.

Commando (Mark L. Lester, 1985)

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Cuando hablamos de tipos duros seguro que a muchos nos viene a la cabeza uno de las actores mas representativos de la época ochentera como es Arnold Schwarzenegger, el austriaco campeón del mundo de culturismo es un referente de las películas de acción, gracias sobretodo a su poderosos músculos y su cara de impasibilidad antes las situaciones que les aguarda. Seguramente las primeras películas que te vengan a la cabeza sean las de Terminator (1984), Depredador (1987) o Conan el bárbaro (1982), en esta ocasión creemos que merece más la pena analizar una de las pelis arquetipo de tipo duro de los ochenta, ni más ni menos que Commando.
Nuestro prota Arnold es John Matrix, un ex-coronel de las fuerzas especiales de estados unidos (de donde si no), que vive retirado con su querida hijita en una cabaña en la montaña. Todos es felicidad hasta que su ex-jefe le comenta que están asesinando a miembros de su antiguo pelotón. Poco después, los malos logran atrapar a Matrix y secuestran a su hija (craso error) con el objetivo de que este coopere, pretenden hacerle conseguir que mate a un presidente de un país de Sudamérica a cambio de la vida de su hija.
Como buena peli de acción de la época tiene todos los clichés del género, el ex-militar retirado, la hija inocente de este en apuros, la chica de armas que se encuentra mas adelante, la banda criminal lideradas por un excompañero suyo, el arsenal del prota, el ejército random que sirve de carne de cañón para las balas del prota, los chascarrillos de turno, etc. Todos esos ingredientes propios que son clave en este tipo de películas. La elección como protagonista de Arnold Schwarzenegger es meramente opcional ya que cualquier actor de la época encajaría perfectamente, Stallone, Norris, Seagal, Van Damme, es un papel que cualquiera de los “clásicos” tipos duros puede interpretar. Pero por supuesto nuestro querido Arnie aporta su toque particular, lo mejor son esos detalles marca de la casa, el primer plano de sus bíceps brillantes y aceitosos mientras lleva un pedazo de tronco a cuestas, sus escasos intentos de expresión facial, sus momentos mato a todo lo que se me ponga por delante, y con todo tipo de objetos, ya sean armas blancas, automáticas, semiautomáticas, granadas, lanzacohetes, minas, sus puños, y un gran etcétera. 
Esta claro que si te olvidas de sus fallos de guión, de la escasa interpretación de los actores y de algunas escenas de acción pasadas de vuelta se convierte en una genial película de comedia no pretendida, y como buena peli de acción que se precie, ahí van algunas frases lapidarias:

—Recuerda que estás en la dirección del viento, la corriente los puede descubrir. —¿El viento?, ¿crees que a lo mejor podré olerlos? —YO los olí.
—¿Hay rastro de Matrix? —No señor, sólo estos cadáveres...
—Eres muy ocurrente Sully por eso a ti te mataré el último.
—¿Tienes miedo cabrón? haces bien porque este boina verde te va a dejar para los tigres. —Yo desayuno boinas verdes, y ahora tengo hambre.
—Llame al edificio federal, que ocupen todos los canales de policía de tierra, mar y aire en la zona.
—¿Qué cree qué va a ocurrir? —La tercera guerra mundial
—¿Te acuerdas que te dije que te mataría el último? MENTÍ
—¿Dejaste algo para nosotros? —Cadáveres.

The Order: 1886 (Ready at Dawn, 2015)

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Nos situamos en el Londres victoriano de finales del siglo XIX, pero no es el que todos conocemos de las clases de historia o los relatos de Sherlock Holmes. En este Londres victoriano la electricidad es algo habitual, grandes dirigibles surcan los aires, y la tecnología está mucho más avanzada y aplicada a muchos ámbitos de la vida, como las comunicaciones o las armas. Pero, lo más importante, es que no solo lo habitan los humanos, sino también los licanos o híbridos, unos hombres lobo que aterrorizan la ciudad. Además de esta amenaza, la ciudad va llena de sentimientos de rebelión contra el sistema impuesto.
En este contexto, descubrimos que los hombres que luchan contra estas criaturas son la Orden de los Caballeros de su Majestad—para más señas, los Caballeros de la Mesa Redonda— que, desde tiempos del Rey Arturo, luchan contra esta amenaza valiéndose, entre otras cosas, del «agua negra», un líquido que extiende sus vidas y tiene cualidades curativas. De entre todos sus miembros, la historia girará en torno a Sir Galahad, uno de los caballeros más preparados, que, sin embargo, duda de la posición de la Orden en una lucha en la que los bandos se confunden unos con otros, sin saber exactamente quién es amigo o quién enemigo, de entre caballeros, licanos y rebeldes. Pero Sir Galahad no está solo en esta lucha, otro de los que pondrán en duda el papel de la Orden será su mentor, Sir Perceval, uno de los caballeros más veteranos, que incluso llegará a enfrentarse con el líder de los caballeros, el Lord Canciller.
Ayudados por Lady Igraine, hija adoptiva del Lord Canciller, y el Marqués de Lafayette, que es un aprendiz de la Orden, Galahad y Perceval iniciarán una investigación en los bajos fondos de este enigmático Londres victoriano, a la vez que hacen frente a la amenaza de los híbridos contra la que su Orden lleva siglos luchando.
The Order: 1886 parte de una premisa derivada del estilo steampunk, en el que la historia de finales del siglo XIX se entremezcla con ciertos elementos de tecnología retro-futurista y de partes fantásticas, como son los hombres lobos o los vampiros; todo ello dedicado, por completo, a sumergir al jugador en un ambiente excelentemente perfilado, en el que, si no lo supiéramos, dudaríamos de que es real y que no lo es. Además de los elementos propios del género, en la trama se suman otros conceptos más originales como la inclusión de los Caballeros de la Mesa Redonda —en una versión revisada del mito, en la que sus hombres pueden servir a la Orden durante siglos, como los casos de Perceval y Galahad—, dándole ese signo de distinción por encima de otras historias de este estilo.
Como os podéis suponer, el punto fuerte de este videojuego, teniendo en cuenta la historia que quiere narrar, es la ambientación. En este apartado, The Order: 1886 es un ejemplo perfecto de lo que PlayStation 4 puede ofrecer al público en cuanto a calidad técnica. Los escenarios han sido recreados al milímetro —desde las motas de polvo que flotan en el aire, al estampado de una alfombra, pasando por los diversos colores de la madera—, del mismo modo el tono y los filtros aplicados aun nos sumergen más en la época en que transcurre la historia, sin olvidarnos de una excelente iluminación que juega en favor de los diversos momentos del juego, tanto diurnos como nocturnos. En esta misma dirección corren los personajes, cuyos modelados son absolutamente perfectos, con unos movimientos tan reales y un comportamiento de telas y texturas tan conseguidas que muchas veces nos hará dudar de si no estamos viendo actores reales. En este sentido, el juego está tan cuidado que incluso los menús o los indicadores en pantalla durante la partida mantienen el estilo de la época y la historia que los realizadores nos quieren hacer vivir.
Pero no solo es calidad técnica lo que nos ofrece este juego, sino también argumental. Como ya habéis visto, la premisa de partida es más que llamativa, pero a medida que nos adentramos en los episodios y descubrimos a todos los personajes y sub-tramas que hay en la historia de The Order: 1886, descubrimos todo un mundo y una realidad perfectamente hilada y encajada, sin dudas ni titubeos. Por decirlo claramente, no es la típica historia de los juegos de acción y disparos, sino que nos aporta algo más, obligándonos a quedarnos anclados al asiento con las magníficas cinemáticas en las que se desarrolla la historia, siendo tan impresionantes que casi podríamos decir que se trata de una película de acción interactiva.
Son estas cinemáticas las que más nos permitirán ver cuán perfecto es el juego, ya que, entre otros motivos, estas están perfectamente integradas en la partida, que pasaremos, sin darnos cuenta, de uno a otro sin ningún tiempo de carga o pantallazo con un consejo o un icono dando vueltas.
Llegados a este punto, muchos os estaréis preguntando por qué aún no me he referido a lo que todo el mundo habla de este juego: ¿si es tan bueno, por qué ha recibido las horribles críticas que ha recibido? Como respuesta a esto, simplemente diré que la gente está cargada de puñetas, así de simple.
Cuando empiezas a jugar en The Order: 1886, te sumerges en un mundo tan excelentemente construido, que lo demás nos debería ser igual. La mayoría de las críticas de este juego han ido dirigidas a la jugabilidad, la falta de multijugador y la duración del juego. Hasta cierto punto se puede aceptar que la jugabilidad no es tan dinámica como muchos desearían, en algunos momentos parece algo incómoda, pero ¿qué queréis? Durante todo el juego se nos quiere que vivamos una historia, no que nos pongamos a valorar cada una de las diferentes armas. The Order: 1886 consiste en avanzar en la historia y descubrirla. En cuanto la falta de multijugador, si alguien critica este aspecto, es que no sabe de qué está hablando. La primera entrega de Uncharted no tenía multijugador, y nadie lo criticó, ¿por qué? Por qué ahora, no sé exactamente el motivo —seguramente algo relacionado con las grandes productoras, los DLC y las micro-transacciones—, todo y todos parecen enfocados a la faceta de multijugador online, ¡incluso hay juegos que solo tienen eso!
Dejando de lado este debate sobre el multijugador —que daría para otro artículo—, uno de los puntos más criticados es el de la duración del juego. Al principio se le criticó porque, unos días antes del lanzamiento, se filtró un playthrough completo del juego que duraba unas escasas cinco horas, por lo que, llegados a la fecha de estreno, la mayoría que no lo jugaron se cebaron basados en este elemento. En este sentido, los responsables, se hartaron de decir que se trataba de un ocho horas, incluso diez, algo que un servido suscribe, al haberlo jugado ya varias veces de cabo a rabo. Y es que la gracia de este juego es esa, poder disfrutar su historia una vez tras otra sin cansarte de él. Sí es corto, pero por el tipo de juego que es, debe ser así. Es como si alguien criticara la extensión de la campaña de los Call of Duty por ser demasiada corta.
En este sentido, Ru Weerasuriya, fundador de Ready at Dawn y uno de los responsables de The Order: 1886, dijo esto:

«Espero que la gente que le gusten este tipo de juegos [de corta duración], lo juegue. Pero también quiero que, como jugador, la industria me ofrezca esta posibilidad. He jugado a juegos de no más dos horas que eran mejores que los juegos de dieciséis horas. Esta es la realidad de ello. La duración del juego para es relativa a la calidad. Es como una película. Solo porque dure tres horas, no la hace mejor».

Y es que la clave de The Order: 1886 está en estas palabras. Cuando se valora un juego, una película o, incluso, un libro, no debemos basarlo solo en el tiempo del que hemos disfrutado de él. Si una peli es buena, lo es, y punto, pues lo mismo pasa con los videojuegos, aunque muchos lo olviden. La duración no es un factor a tener en cuenta respecto a su calidad. Por este motivo, me gustaría recomendar que le dierais una posibilidad a este juego, pero siendo conscientes de dónde os metéis. Luego no digáis que esperabais un Assassin’s Creed, y os habéis encontrado un Uncharted. Sería como poner un FIFA y esperar que fuera un Need for Speed.
En definitiva, The Order: 1886, a pesar de las críticas recibidas por parte de gran parte de los medios, es uno de los juegos más brillantes y perfectos que PS4 ha ofrecido en 2015 y ofrecerá en mucho tiempo, y aunque hasta ahora no se le haya valorado como merece, en un futuro, será uno de los clásicos de esta plataforma.

La Batalla del Agua Pesada (Filmkameratene A/S, 2015)

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Durante la segunda guerra mundial, uno de los objetivos principales, y quizá menos conocido a nivel general, fue evitar que los alemanes obtuvieran la capacidad de crear armas nucleares. La batalla del agua pesada u Operación Telemark, como también se le conoce, fueron una serie de operaciones por parte de los aliados con el objetivo de impedir que la Alemania nazi obtuviera agua pesada, material necesario para la creación de armas nucleares. Se denomina agua pesada al óxido de deuterio, molécula que se utiliza como moderador en los reactores nucleares.
Con la invasión de noruega por parte de Alemania, estos se apoderaron de una instalación conocida como Norsk Hidro, la única en Europa capaz de crear agua pesada. Cuando los británicos se enteraron que Alemania estaba interesada en el agua pesada, comenzaron a investigar sus motivos hasta descubrir que un científico alemán llamado Werner Heisenberg estaba creando un reactor nuclear. Rápidamente Inglaterra organizó unas operaciones para destruir la planta de procesado de agua pesada y evitar el posible acceso de los alemanes a la energía y armas nucleares.
La serie parte en 1939 cuando el científico Heisenberg es galardonado con el nobel de física, su éxito le abre el camino para la investigación dentro del gobierno alemán, su objetivo es la creación de un reactor nuclear para generar energía, aunque a los jefes militares nazis les interesa más la capacidad destructiva de dicho proyecto. La serie intercala lo momentos de Heisenberg y sus estudios con los del grupo de operaciones aliado, cuyo objetivo es sabotear los planes de los alemanes. El principal escenario es la planta de obtención de agua pesada en Noruega cuya trama también engloba a su nuevo director y los problemas que este genera con los empleados y los oficiales alemanes.
En ningún momento la serie nos pinta como a los alemanes los malos y los aliados los buenos, simplemente son dos bandos opuestos cada uno con sus  objetivos. Mostrándonoslo de manera bastante objetiva siendo nosotros los que tengamos que juzgar al respecto.
Uno de los mejores aspectos de la serie es la ambientación, especialmente los escenarios en campo abierto, generalmente nevados por la ubicación de dicha historia, así como los momentos donde la trama se desarrolla en interiores, cuidando los detalles de la época. Se nota el exquisito trabajo de documentación histórica.
La miniserie producida en Noruega consta de seis capítulos de unos cincuenta minutos de duración, su ritmo no es precisamente rápido ni su historia es tan compleja como para necesitar más metraje. De esta manera no llega ser pesada y se convierte en una buena serie histórica y cultural de un hecho que quizá no es tan conocido por el gran público, pero que fue decisivo en la victoria aliada.

Inquilinos (Jaume Balagueró, 2014)

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Como no podía ser de otro modo, uno de los referentes del cine de terror de nuestro país, Jaume Balagueró, no podía faltar en esta aventura promovida por GasNatural Fenosa llamada Cinergía. Y es que el que compartiera el éxito con Paco Plaza por la saga [Rec], no podía faltar a este experimento. Además, la que tampoco podía faltar es la que se ha convertido en la musa del terror español, Manuela Velasco, que repite una vez más con el director catalán, para protagonizar una cinta de terror... Pero no el mismo terror que nos tenía acostumbrados hasta ahora.
Si nos miramos Inquilinos sin prestar atención a los responsables creativos que hay detrás, por el toque humorístico del corto, así como la presencia de unos personajes tan tópicos como las «abuelas», creeríamos estar viendo una obra de Álex de la Iglesia o de Santiago Segura... ¡Pues no!
Manuela Velasco y Fele Martínez interpretan a una joven pareja que se esta mudando a su nuevo piso, sin embargo, a pesar de tener la calefacción a tope, en el piso sigue haciendo un frío de mil demonios. Cuando llegue el técnico, interpretado por Antonio de la Torre (Caníbal, Balada triste de trompeta), descubrirán que, a pesar de tenerlo todo debidamente instalado, hay algo más en esa casa que provoca esa perturbadora bajada de temperatura... Puede que las antiguas inquilinas, muertas en el ascensor, tengan algo que ver.
Inquilinos se estrenó el 2 de diciembre de 2014 durante el festival de la Madrid Premiere Week, demostrando el proyecto Cinergía seguía un buen camino. Ya que, si bien en Ultravioleta nos olvidábamos de la faceta energética, y en 1:58 su presencia era excesiva, en este caso se llega a un correcto punto medio, en el que descubrimos lo importante de las revisiones técnicas... Aunque el problema provenga de otro mundo.

Domonic (Juan Cruz, 2015)

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Para cerrar la primera edición de Cinergía, GasNatural Fenosa presentó el cuarto cortometraje en el que el terror era el plato dominante. En este caso, un avanzado sistema de gestión del hogar se rebela a su propietario, un hombre muy caprichoso que malgasta los recursos, que lo castigará por ello como una madre lo haría con un hijo malcriado.
Lo sorprendente de este corto es el principal responsable, Juan Cruz. Este director y guionista de L'Hospitalet de Llobregat, habituado a trabajar en el género de la comedia y todas sus variantes, se atreve con un corto de terror futurista, muy alejado del humor costumbrista.
Para hacer que Domonic resulte redondo, además de una buena idea y de un genial y atrevido director, cuenta con la ayuda inestimable de la participación de dos grandes actores del cine español, de la talla de José Coronado y Terele Pávez. El primero borda su papel de hombre aterrorizado; mientras que la segunda —habitual en las películas de Álex de la Iglesia— realiza un trabajo impecable como imagen interactiva del sistema inteligente de gestión del hogar y madre de Cronado, interpretando, una vez más, una temible versión de la clásica bruja, aunque esta vez, un poco más futurista.
Domonic, que se estrenó durante el Festival de Málaga de la pasada primavera de 2015, y, en mi humilde opinión —que para gustos, los colores—, este corto junto Ultravioleta son los mejores que nos ha dejado la Primera Edición de Cinergía. Tanto porque, por un lado, ofrecen ese mensaje de eficiencia energética, como, por el otro, este es suficientemente sutil para que no se convierta el cortometraje en un video publicitario o educativo.
La verdad sea dicha, esperemos que la Segunda Edición de Cinergía, en la que ya sabemos que participarán Isabel Coixet, Paco León y Santiago Segura, sea tan buena como esta.

Con Air (Simon West, 1997)

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Hay actores que siempre hacen el mismo papel y ya no puedes verlos en otro, hay otros que hacen tantos papeles diferentes que ya no te los crees, luego esta Nicolas Cage.
Nicolas Cage ha sido uno de esos actores que ha  ido haciendo todo lo que le salia hasta el punto de que hoy en día hace cualquier papel de cualquier nivel, ya sea buena o mala la película. A pesar de no ser un tipo duro de pura raza ni estar encasillado en el género de acción, creemos que ha hecho méritos para entrar en el selecto club de tipos duros. En todos los grupos siempre hay algún raro y en este caso Cage es el tipo perfecto.
Sus pelis más representativas del género serían la Roca, Con Air o Cara a cara. En este caso creemos que la de Con Air encaja mejor en este decálogo de tipos duros. Digamos que sería su carta de presentación.
Y es que como era de esperar, tiene todo lo que se le pide al género de tipos duros (sí por que tipos duros debería de considerarse como un género más), nuestro prota Cage es Cameron Poe, un militar   (estadounidense obviamente) que debido a un pequeño infortunio es condenado a siete años de prisión. El día que le dan la condicional, Poe viaja en un avión de convictos, de los mas peligrosos, que serán trasladados a un nuevo centro penitenciario mientras que a él lo llevaran a casa. Sin embargo durante el trayecto se produce un motín orquestado por el malo de turno, un peligroso preso llamado Cyrus Grissom, el cual con la ayuda de los demás presos se hace con el control del avión. Poe que estaba a punto de volver a casa y reunirse con su querida esposa y su preciosa hijita que no la había visto crecer, tendrá que vérselas en medio de todo ese caos.
Y es que esta es una de las premisas de tipo duro, estar en el sitio equivocado en el momento más inoportuno y tener que solucionar los problemas, porque como buen militar, marine, ranger, etc tu deber es acabar con el malo de turno y salvar, en este caso, el pellejo para poder reunirte con tu familia. Como era de esperar, Con Air tiene todo lo que se le pide al género, muertes, tiroteos, peleas, explosiones, caos, y toques de humor ocasionado por el contexto y las situaciones. El entretenimiento es lo único que vale en este tipo de películas y esta lo consigue lograr. Se nota que es de los noventa y el estilo ochentero del héroe de acción aquí es menos flipado. Cage no es Schwarzenegger ni Chuck Norris o Seagal. Aquí el prota no es indestructible ni acaba con un ejercito de soldados, es algo mas comedido, claro que tiene esos clichés propios como el momento en el que le disparan en el brazo y él sigue caminado impasiblemente, y por supuesto alguno de los chascarrillos de tipo duro. Y es que a pesar de todo, Nicolas Cage tiene madera de prota y encaja en este tipo de películas. 
Sorprendentemente, la película tiene un buen elenco de actores conocidos, a parte de Cage, nos podemos encontrar a Colm Meaney, John Malkovitch, Steve Buscemi, John Cusack, Rachel Ticotin, Ving Rhames o el cómico Dave Chappelle, joder si hasta sale Danny Trejo. De estos John Malkovitch y Steve Buscemi interpretando a un psicópata superpeligroso son de los que mejor encajan.
Con Air no es de las mejores películas de acción, pero es de las que meterías en el saco junto con a otros grandes del género. Sin ir mas lejos, el director Simon West es el encargado de dirigir las segunda de los Mercenarios, que para mi es la mejor de las tres.

Una lapidaria:
-Solo hay dos personas en el mundo en las que confío, una soy yo… y la otra no eres tú.



Oscars 2016: Predicciones

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Un año más, queremos ser partícipe y demostrar, como no podía ser de otra manera, nuestro gran conocimiento del mundo cinéfilo, nótese la ironía. Así que volvemos a hacer nuestra porra sobre quienesserán las grandes triunfadoras en la gran gala que se celebra la noche del domingo. De esta manera os mostramos nuestras predicciones de las categorías que creemos mas importantes dentro de todas las que se premian:



PREDICCIONES:


Mejor Película: El renacido  (The Revenant) 

Mejor Director: Alejandro G. Iñárritu 

Mejor Actor Principal: Leonardo DiCaprio 

Mejor Actriz Principal: Brie Larson 

Mejor Actor de Reparto: Sylvester Stalone 

Mejor Actriz de Reparto: Alicia Vikander 

Mejor Largometraje de Animación:Del Revés (Inside Out)



Bueno, pues aquí están nuestra predicciones, personalmente me encantaría que Mad Max recibiera el premio a la mejor película pero conociendo a Hollywood, no creo que le dieran el premio a este tipo de películas. George Miller quizá sí que podría llevarse el premio a mejor director pero creo que al final Mad Max se llevará solo los premios de aspecto técnico. Por lo demás, el renacido parece ser la clara triunfadora de la gala, y espero que por fin le den a Leonardo DiCaprio su tan ansiado Oscar, que el pobre no va a poder salir de casa con las coñas y memes que le harían. 
También nos encantaría que Stallone se lo llevara, más que por el papel en Creed, por su trayectoria y su personaje de Rocky, sería un buen detalle y reconocimiento para el actor. 
Por lo demás veremos a ver que tal se reparten los premios y si convencen a la mayoría del público, cosa que no suele pasar. El domingo lo sabremos

Oscars 2016: Resultados

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Bueno pues ya se ha celebrado la gran gala de los Oscars y estas han sido las grandes triunfadores de la noche, como siempre ponemos tambiénnuestros aciertos y fallos de la predicción hecha anteriormente:


CATEGORÍASGANADORES ACIERTOS
Mejor película SpotlightFAIL
Mejor director Alejandro G. IñárrituWIN
Mejor actor principal Leonardo DiCaprioWIN
Mejor actriz principal Brie LarsonWIN
Mejor actor de reparto Mark RylanceFAIL
Mejor actriz de reparto Alicia VikanderWIN
Mejor largometraje de animación Inside Out (Del Revés)WIN


¡¡Por fin!! Por fin Leonardo DiCaprio ha conseguido el Oscar al mejor actor principal, en cuatro ocasiones se le había escapado el dichoso trofeo. Por fin podrá respirar tranquilo y dejará de ser el centro de todos los memes y bromas. La película en la que participaEl renacido se ha llevado además el Oscar al mejor director, el mexicano Alejandro G. Iñárritu consigue así su segundo Oscar consecutivo tras haberlo ganado el año pasado con Birdman. Estas dos junto al premio de mejor fotografía son las tres estatuillas recibidas de las doce categorías a las que estaba nomidada. El premio gordo se lo lleva Spotlight siendo la mejor película de la gala, se lleva además el premio al mejor guión original
La más triunfadora de la gala ha sido Mad Max: Fúria en la carretera con seis estatuillas, como era de esperar, todas relacionadas con aspectos de montaje, sonido, maquillaje y tal, aunque sorprendentemente el Oscar a los mejores efectos especiales ha sido para Ex Machina, cosa que me alegro mucho. 
Mark Rylance le ha arrebatado el premio demejor actor de reparto a Sylvester Stallone por su papel en la películaEl puente de los espías, que pena que al final Stallone se quede sin el premio, hubiera sido un gran reconocimiento por su trayectoria
Por lo demás poco que destacar, sin duda esta gala se recordará sobretodo por ser en la que Lenoardo DiCaprio obtuvo su tan demandado trofeo.  

 

Deadpool (Tim Miller, 2016). Por Deadpool

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Antes de empezar… ¿Todavía no habéis ido al cine a ver mí película? ¿Ni tan solo os la habéis bajado en checo subtitulado en chino? ¿Cómo es posible? En serio, ¿cómo? Es más mainstream que un cameo de Iron Man en una película de Star Wars. Bueno, parece que no he generado suficiente hype durante todos estos meses, que aún necesitáis que siga hablando de ella, cuando yo quiero hablar de Deadpool 2, con Cable, Lobezno y compañía, eso ya lo veréis en las escenas post-créditos… ¡Ups! ¡Spoooileeer!
Bueno, menos chuminadas, vamos a lo importante… ¿Cómo una web tan mierda como LASDAOALPLAY? ha conseguido que haga un comentario de mí peli? Pues sencillo, se cogen los derechos de autor y se frotan con fuerza por la entrepierna, por no decir los huevos, los cojones, los cataplines o el escroto. Los dos mamoncetes que administran esta página han pasado olímpicamente de una cosa llamada «propiedad intelectual», y aquí me tenéis, escribiendo más que en toda mi vida. Total, para que después lo lean cuatro pringaos, pero bueno… Da igual.
La mayoría de los «expertos» te dirán que mi película es otra película de superhéroes, pero en realidad se equivocan, nosotros teníamos mucho menos presupuesto… Pero muchísimo menos, y ¿qué resulta de ello? Que si seguimos igual en taquilla, les vamos a restregar nuestros números por sus caras de ejecutivo millonetis. El caso que, como no podía ser de otra forma, la primera película de un superhéroe (aunque, para ser sinceros, yo no soy un superhéroe), se tiene que explicar sus orígenes, y no íbamos a ser menos. Aunque, como nuestro directo, un chavalote llamado Tim Miller, quería ser un poco más profesional, lo hicimos con flashbacks, que siempre mola más. ¿Por qué ser lineales cuando podemos ir adelante y atrás en el tiempo y liar a la peña? Pues eso. Todo empieza con una chica, me enamoro locamente de un pibonazo de esos de diez… Ya me entendéis. Vanessa ¡Cómo estaba Vanessa! Igual de loca que yo, igual de imaginativa que yo, y con la misma marcha que yo… Y no me refiero a las discotecas. Pero como bien digo en la peli, la vida es una larga serie de desgracias con breves intermedios de felicidad, y de golpe… ¡PAM! Cáncer. De pulmón, próstata y cerebro, entre otros muchos. Pero lo que más me jodía era que la jodería a ella, por lo que me atreví a meterme en la boca del lobo, y acabé francamente mal. Me metieron un suero, me llevan al extremo y de golpe, me convierto en una ciruela pasa con arrugas y pene inmortal. ¿Cómo podía volver con ella? Para arreglarme solo podía recurrir a un hombre, Ajax (o Francis, solo deja que los amigos lo llamen así), el que me lo hizo. En resumidas cuentas, la película narra dos líneas temporales (ambas protagonizadas por mí) una en la que me convierto en Deadpool y otra en la me vengo como Deadpool, que acaban confluyendo en un gran y épico final.
Para una ocasión tan importante como una película, preste mi traje rojo a prueba de manchas de sangre al guapo, simpático, inteligente y extremadamente sensual, Ryan Reynolds. Al principio tenía mis reparos (no podía sacarme la horrible imagen de lo que hizo conmigo en X-Men Orígenes: Lobezno), pero luego nos hicimos coleguillas, es lo que tiene cascársela el uno al otro mirándose a los ojos. Además, es un auténtico cachondo, sabe que ha hecho películas y personajes muy malos y se ríe de ello, sino fijaos en las puñaladas traperas que lanzamos a la peli de Lobezno o de Linterna Verde, si es que somos unos hijo*****.
La chica que tengo el placer de tirarme es la siempre perfecta Morena Baccarin. Mi «Robin» particular (aunque solo hace que apostar a que voy a morir), Weasel, es el no tan perfecto T. J. Miller. Luego están mis coleguillas, Dopinder el taxista al que nunca pago, interpretado por Karan Soni, la mutante con el nombre más jodidamente espectacular de todos, Negasonic Teenage Warhead, a la que da vida Brianna Hildebrand, y Coloso, que, como es una peli de Marvel, tenía que haber algo creado por ordenador, así que el hombre con la pilila cromada es una mezcla de captura de movimientos, doblaje con acento soviético y el trabajo de una panda de nerds, pero queda muy resultón. Y, al otro lado del ring, están mi amigo Francis, interpretado por un británico (no sé que tienen, que los villanos de las pelis americanas siempre acaban siendo británicos), Ed Skrein, y Angel, una mujer de armas tomar llamada Gina Carano, que poco a poco se está convirtiendo en la Roca con tetas… ¡Uy, he dicho tetas! Tengo que ir con cuidado por que sino estos c******s j*****s de LASDAOALPLAY? me van a cambiar el texto por m******s asteriscos… ¿Veis?
Es por esto mismo que tengo que decir que, al tratarse de una película basada en un servidor, no podía dejar de ser gamberra, descarada, con muchos tacos, frases (y lo que no son frases) obscenas, y mucha, muchísima violencia (eso sí, a cámara lenta que siempre es más cool). Por lo que la han clasificado para mayores de edad, con lo que luego no quiero oír a padres remilgados protestando sobre el contenido de mí película, cuando descubren que sus hijos la han ido a ver. Seré irresponsable y un malísimo ejemplo, pero avisamos antes, ¿está claro? Pues eso.
En definitivas cuentas, hacía falta y mucho mi película, entre tanto vengador, tanto murciélago y tanto mutante hacia falta que alguien aportara algo nuevo y fresco al género, y por suerte, llegué yo. Así que… ¡venid aquí y chuparme la ***** para celebrarlo!

—¡Eh, Pool! Basta ya o te echamos, que somos una web con un cierto nivel que tenemos que mantener. Habla con propiedad.

Lo veis, es que no se puede hacer nada sin ser criticado, pero, por suerte, ya había terminado… ¡Pringaaaooos!
¡Ah! Por cierto, no hagáis caso de los resultados de los Oscar, la mejor película es la mía, la que lleva mi nombre… Deadpool (imaginaos que os lo susurro con voz melosa al oído, justo antes de que os de por detrás). Hasta Deadpool 2, esperemos que no tarde tanto como la primera o Ryan Reynolds le van a salir demasiadas arrugas.


K-Pax. Un universo aparte (Iain Softley, 2001)

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Mark Powell (Jeff Bridges) es un reputado doctor del Instituto Psiquiátrico de Manhattan. Un día, recibe un nuevo paciente llamado Prot (Kevin Spacey), su “locura”, por así decirlo, es que dice venir de un planeta llamado K-PAX.  Powell que al principio se mantiene muy escéptico, como es lógico, se irá poco a poco convenciendo más de que este paciente es diferente respecto a los otros que ha tenido.
Lo primero decir que a esta película se le ha criticado mucho por ser un plagio de una película Argentina llamada Hombre mirando al sudeste del año 1986, ambas mantienen la misma historia incluso con personajes parecidos, a pesar de haber tenido una demanda de por medio, no ha seguido su curso y la cosa se quedó ahí, con lo que el tema del plagio se quedó en el olvido.
A su vez, K-PAX está basada en la novela homónima del escritor Gene Brewer.
Bien, al margen de esto hay que reconocer que es una película que está muy bien. Comienza de manera ágil y misteriosa con una trama que poco a poco te va enganchando, los mejores momentos son las charlas entre Prot y Powell sobre su condición de extraterrestre. Aquí es donde la película juega con el misterio y nos va haciendo dudar sobre la naturaleza de nuestro protagonista, lo mismo que le pasa al doctor. Y es que Prot parece saber cosas que ningún otro humano sabría, incluso los propios amigos físicos del doctor quedan extrañados al comprobar cómo Prot sabe situar su planeta y sistema Solar dentro del mapa estelar que le muestran, y el cual lo científicos aun no sabían determinar unas perturbaciones que sus cálculos matemáticos no resolvían.
Y no solo eso, al estar internado en el psiquiátrico, ya que no puede salir, irá alterando la vida de los ingresados haciendo que cambien sus conductas, algo que vuelve locos a los empleados del centro.
Como ya digo, la historia gana interés a medida que avanza y es que además cuenta con un dúo de protagonistas excelentes. Kevin Spacey es un pedazo de actor, todos lo sabemos, y su forma de actuar siendo Prot es curiosa y divertida, verle comerse un plátano entero sin pelarlo tiene su mérito. Del mismo modo, la seriedad y escepticismo que muestra Jeff Bridges hacen que se vean como un dúo peculiar que se complementan el uno al otro. También es verdad que conforme avanza la trama, a pesar de resultar más interesante argumentalmente, pierde el ritmo que tenía en la primera parte de la película y eso hace que decaiga un poco. Aunque el final es de esos que contentan a todos, vamos que lo dejan a la interpretación de cada uno.    
K-PAX creo que es de esas películas que todo el mundo debería de ver, al margen si es considerada un plagio o no, son de esa clase de películas que no hacen mucho ruido, no han tenido mucha repercusión mediática pero suelen agradar a la mayoría. Por cierto, mención especial a la banda sonora, con unos temas a piano muy bonitos.

«Quiero decirte algo que no sabes aún. Los K-PAXianos hemos vivido lo suficiente como para saber que el universo se expandirá y luego se comprimirá, luego se expandirá y se comprimirá otra vez, este proceso se repetirá eternamente. Todo será como es ahora, los errores que cometas ahora los volverás a vivir. Cada error que cometas lo vivirás una y otra vez, para siempre. Mi consejo es que lo hagas bien esta vez, porque esta oportunidad es la única que tienes»

Bone Tomahawk (S. Craig Zahler, 2015)

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Cuando un misterioso grupo de caníbales —que incluso los nativos les tienen miedo— secuestra a tres personas del pequeño pueblo Bright Hope, cuatro hombres emprenderán un largo y duro viaje hacia el Valle de los Hombres Hambrientos, el inhóspito territorio de estos seres, más parecidos a animales salvajes que a hombres. Siguiendo las instrucciones de «indio» que se niega a acompañarles por miedo, el sheriff Franklin Hunt, Chicory, su viejo pero fiel compañero, Arthur O’Dwyer, un vaquero convaleciente de una herida en la pierna, y John Brooder, un elegante e inteligente cazador de hombres se adentrarán en un territorio que les es hostil en busca del ayudante del sheriff, un enigmático prisionero y la esposa del vaquero que han sido arrebatados durante la noche de la cárcel del pueblo.
Una vez más, uno de los géneros más populares de la historia del cine, se pone al servicio del espectáculo para traernos una historia que va más allá de los clásicos tiroteos y los duelos a la puesta del sol. Como ya sucediera en películas como Ravenous (Antonia Bird, 1999) o Cowboys & Aliens (Jon Favreau, 2011), la época, la estética y el estilo del western sirven como escenario perfecto para una historia de horror, sobre seres casi humanos que sienten devoción por devorar a otros hombres, sobre todo cuando se meten en su territorio sagrado.
Uno de los elementos más interesantes del debut como director del versátil escritor S. Craig Zahler, es el reparto con el que ha podido contar para llevar a cabo esta película que él mismo ha guionizado. Para empezar, el gran reclamo es Kurt Russell que, aprovechando el mostacho que se dejó para rodar la esperadísima The Hateful Eight de Quentin Tarantino, se mete en la piel de un clásico sheriff del Lejano Oeste, duro pero a la vez justo. A su lado está Patrick Wilson, como de Arthur O’Dwyer el fiel esposo que, a pesar de las heridas, se une al equipo para ir a rescatar a su esposa, consiguiendo una buena actuación al convertirse en el elemento dramático de la cinta. El tercer hombre es Richard Jenkins, este veterano y gran secundario, toma el papel de Chicory, un anciano que, tras la muerte de su esposa, tiene como única dedicación servir fielmente al sheriff y hacerlo respetar. Finalmente, el cuarto en discordia, es el personaje que, junto con sheriff, hubiera dado más juego, sino hubiera sido interpretado por un más que mediocre Matthew Fox; el protagonista de Perdidos, aún haciéndolo bien, no consigue meterse en el papel de este tipo duro, consiguiendo que el típico personaje malote y carismático nos llegue a caer como el culo… Así de claro.
Además de los cuatro protagonistas, Bone Tomahawk cuenta con la participación de reparto de secundarios digno de envidia, formado por Lili Simmons, Sean Young, Zahn McClarnon, Sid Haig, David Arquette, Kathryn Morris, Michael Paré y James Tolkan.
La idea es llamativa, la historia atrayente y el reparto muy seductor, sin embargo, parece como si todas las piezas que conforman esta película no encajaran del todo bien. Con esto no quiero decir que la película sea mala, al contrario, es mucho mejor que algunas de las películas que se han estrenado en 2015 a bombo y platillo, pero tiene algo que chirría. Por un lado no acaba de ser un western a usanza, por motivos más que evidentes; por el otro tampoco es una película de terror, ya que el elemento de horror apenas se muestra, pero tampoco se respira en el aire que haya algo terrorífico más allá de las sombras; y, finalmente, en mi opinión le sobra una buena media hora. El ritmo es el propio de estas películas, es decir, lento, pero hay parte del metraje que, si bien está bien hecho, parece que no es necesario para la historia que se nos quiere contar. El conjunto de estos tres elementos hace que la película no sea tan perfecta como se podía esperar.
Ahora sí, lo que no se le puede negar a esta película es una brillante puesta en escena. Las largas tomas de noche se grabaron sin apenas luz, aportándole ese aire de realismo que los focos a veces impiden. Además, en toda la película apenas se puede escuchar música alguna, por lo que el clima y la atmósfera de cada escena recae completamente en la historia que consigue mantenernos en vilo.
Aún con todo, Bone Tomahawk—que se estrenó en el 48º Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, más conocido como el Festival de Sitges, y que le valió el premio a la mejor dirección— es una película más que recomendable para los que quieran probar cosas nuevas, ya que le da cierto halo de aire fresco a una industria que empieza a aquejarse de las modas.

La sonrisa de medianoche

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La tenue luz de las farolas de la calle cruzaba, contradictoriamente poderosa, las rendijas de la persiana de madera, haciendo que mi despacho se asemejara a una película, con una sutil gama de grises, provocando unos enigmáticos juegos de siluetas sobre el parque desgastado del suelo. Estaba recostado en mi silla de oficina de madera pulida por el uso —no solo el mío, sino también el de anteriores propietarios—, con mi sombrero sobre mis cejas, impidiendo que cualquier resplandor me deslumbrara por sorpresa y me privara del sentido de la vista. Cuando se vivía en la oscuridad, cualquier precaución era poca, como la que descansaba encima del escritorio con seis balas en su tambor. Sobre el mueble había poca cosa: unas cuantas hojas escritas a máquina expresamente mal esparcidas, fingiendo algún tipo de trepidante actividad de despacho, de la que carecía; un cenicero en el que reposaban decenas de colillas ya extintas, mientras que la última de ellas, aún moribunda, pausadamente soltaba un fino hilillo de humo que ascendía hasta el techo, enturbiando el ambiente; un vaso de cristal para whiskey, tal vez lo más valioso que había en aquella oficina —incluso más que mi propia vida—, con un hilo que se derretía en medio dedo del susodicho licor; y, por último, mi revolver, el único recuerdo que guardaba de tiempos mejores, cuando hacia la ronda por el barrio y me saludaban con respeto por mi trabajo. No como ahora, relegado a lo más profundo del abismo del escalafón humano, hasta donde me había visto llevado por los bajos fondos de una ciudad que apenas reconocía, con el único objetivo de representar el frágil y corrompido brazo de la ley, aunque sin el permiso de esta. Frente a mí, hacia donde el cañón de mi calibre 38 apuntaba, al otro lado del escritorio, en una puerta con una ventana de cristal opaco, se podía leer del revés el nombre de mi agencia de detectives. Una denominación un tanto pretenciosa para el cuchitril de un policía venido a menos que no sabía ganarse la vida de otro modo, y más cuando el nombre era aprovechado del desafortunado inquilino que me precedió. Todas las noches eran igual de tediosas y aburridas, aunque con el tiempo había aprendido que era en la oscuridad del crepúsculo, cuando los posibles clientes se sentían más seguros para solicitar la ayuda al último recurso de cualquier hombre sensato. Por norma, nunca pasaba nada, las horas transcurrían sin otro sobresalto que el descubrimiento del vaso de whiskey vacío, o el desvanecimiento del sabor de la última calada del último cigarrillo. Sin embargo, de vez en cuando, la luz del pasillo que daba a mi oficina se iluminaba, y desatando una lucha con las sombras provocadas por las farolas del exterior, extendía su parpadeante poderío hacia la puerta, proyectando la silueta de las letras grabadas en el cristal, sobre el suelo. Como acababa de suceder. Tras unos segundos en los que creí que la luz se había encendido por un cortocircuito en la instalación, el sonido de unos tacones resonó en las paredes del pasillo, a la vez que la sinuosa sombra de una mujer se proyectaba a través del opaco cristal de mi puerta. Unos sutiles golpecitos de unos delicados nudillos, me indicaron que aquella mujer había venido hasta allí para verme a mí. Así que, sin más, dije con voz resacosa: «Adelante». El pomo de la puerta giró, esta se movió sobre las bisagras chirriantes de metal y, a contra luz, se definió la casi perfecta figura de una mujer joven, de pelo claro y de buen vestir, que me regalaba una expresión de necesidad y socorro. Sabía de sobras que, llegados a este punto, los desesperados clientes que se atrevían a cruzar el umbral de mi puerta, vomitaban todo lo que querían decirme, sin necesidad alguna de que yo preguntara absolutamente nada. Sin embargo, de los intensamente rojos labios de la mujer no salió palabra alguna, tan solo sonrió, mostrándome sus afilados y amenazadores colmillos, y supe que no había venido a pedirme ayuda. Era una de esas malditas chupasangres que poblaban la noche de aquella ciudad, cuyos amaneceres se contaban por los cuerpos resecos con mordiscos en el cuello que dejaban tras de sí. Sin embargo, yo no pretendía ser uno de ellos. Para mi suerte y para su desgracia, tenía mi revolver a mano y sus balas eran de plata.

La sonrisa de medianoche© Francesc Marí, 2016.
Imagen: The Brass Halo© Robert Maguire, 1958.
También disponible en Issuu.

Batman v. Superman: El amanecer de la justicia (Zack Snyder, 2016)

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Ha comenzado la fase 1 de DC. Pero en DC lo tienen más complicado que en Marvel, esta última ha sabido crear una franquicia de éxito que de momento le está saliendo muy bien. Por su parte DC ha empezado tarde y mal. Cuando Marvel lo había petado con los Vengadores, un año después DC nos mostró El hombre de Acero, película que no convenció a la mayoría de público, ahora con Batman v Superman (BvS en adelante) podremos ver si su carta de presentación está a la altura de lo esperado. 
BvS comienza donde lo dejó El hombre de Acero, en primer momento veremos la lucha entre Superman y el general Zod desde el punto de vista de Bruce Wayne, este ve de primera mano como destruyen la ciudad de Metrópolis. Demasiado poderoso este “alien” como para dejarlo por ahí sin ningún tipo de control. Por eso Batman hará todo lo posible para eliminar a Superman, aunque para ello tendrá que jugar sucio, pues no es rival para un ser cuya fuerza es sobrehumana y muchos lo consideran un dios, menos mal que tiene un punto débil, la kryptonita, y aquí es donde entra en escena el archienemigo más conocido de Superman, Lex Luthor. Este ha conseguido fragmentos de kryptonita de la antigua nave kryptoniana y pretende efectuar experimentos para armamento experimental. Estas premisas sirven para desarrollar la trama de BvS, y la sensación que da la película es que es mejor que la anterior pero aun le falta ese punto para considerarla genial, la sensación que te deja es fría, por un lado es entretenida pero por otro hay algo que no terminar de encajar. La peli es larga, son casi dos horas y media de metraje y se siente como eso, no se pasan volando pero tampoco se hace un coñazo, lo que si que tiene son dos partes claramente con ritmos diferentes, la primera parte de la película es lenta, va poniendo los personajes y la trama en situación pero de una manera un tanto irregular, le sobra metraje y los diálogos, la mayoría, son intrascendentes, la segunda parte es más dinámica y engloba el combate que todos deseábamos, la lucha entra Batman y Superman, creo que aquí es donde se lo han currado más, los momentos de acción son realmente espectaculares, mejor recreados que en El hombre de acero.
Dicho esto toca hablar de los personajes/actores: Superman ya lo conocíamos de la anterior, Henry Cavill vuelve a ser el mismo sin mejorar su actuación ni empeorarla, es un buen Superman pero no tiene ni el protagonismo ni el carisma que le harían falta, Lois Lane (Amy Adams) no destaca (tampoco era necesario) pero se convierte en la típica “damisela en apuros”. Pero vamos a los que realmente importan, primero el Batman de Ben Affleck (cuyas críticas se han cebado con él desde el momento que se supo que haría de Batman), este Batman es mucho más vengativo y frío que los anteriores, por mi parte le ha faltado un poco más de fuerza en el personaje, Ben Affleck está un poco “sosete”, sin embargo el traje de Batman y la estética me gusta mucho, tanto el normal como el metálico, este es la leche. Aun así en conjunto global me quedo con el Batman de Bale. Jesse Eisenberg interpreta a Lex Luthor y es el que peor queda, es una mezcla entre el personaje de La red social y el Joker de Nolan, el exceso de locura lo vuelven poco creíble, pierde la maldad que debería tener el personaje, si al final no parece tan malo, solo un poco ido y ya está. BvS también ha servido para mostrarnos en pantalla a Wonder Woman (Gal Gadot), esto unido a una breve escena sirven como nexo para las futuras pelis de DC.

¿Sangras? Sangrarás

Todos conocemos al director Zack Snyder, un director bastante irregular que en función de la libertad que tenga, hace mejores o peores películas. Cuando se basa en algo muy concreto, lo hace bien (Watchmen, 300) y cuando tiene mas libertad su calidad baja (Sucker Punch, El hombre de acero). Curiosamente BvS recuerda bastante a una mezcla entre Watchmen y Sucker Punch. Guste o no, será el que dirigirá la Liga de la Justicia así que más o menos podemos ir viendo por donde irán los tiros. Además Snyder es de esos directores que necesitan mucho metraje para explicar algo que se puede resumir en menos minutos, las escenas de sueños o pesadillas sobran, así como volver a revivir la muerte de los padres de Wayne, no era necesario, al menos lo aprovecha como "opening" de la película. Seguramente veamos una versión extendida cuando saquen la película en DVD.
Las diferencias entra Marvel y DC son claras, Marvel tiene películas de acción para todos los públicos, entretenidas, con mucho humor, personajes guays y toques frikis. En cambio DC va por la vía de películas más oscuras, pseudofilosoficas y complicadas que de momento no están funcionando tan bien. Pero al menos están intentando buscar un camino propio sin llegar a copiar el estilo de Marvel, cosa que lo condenaría.  De todas formas la película no está tan mal como dicen las críticas, el principal fallo que tiene es querer meter muchas cosas, lo que lleva al punto de no explicarlas bien dejando la trama confusa, pero vale la pena verla.


El infiltrado (BBC, 2016)

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Jonathan Pine es el director nocturno del hotel Nefertiti de El Cairo, que sin quererlo se ve inmerso en el tráfico de armas de uno de sus huéspedes, cuando la mujer de este le pide ayuda para huir de él. A pesar que no quiere involucrarse, todo cambia cuando se enamora de la mujer y la salva, al principio, ya que el marido conseguirá encontrarla y matarla en una de las suite del hotel. Tras el golpe que esto supone para Pine, decide cambiar de aires y lo reencontramos en un hotel de alta montaña de Suiza, donde llegar Richard O. Roper, el traficante de armas que estaba tras la muerte de su amada. Al principio no sabe que hacer, sin embargo entra en contacto con él Angela Burr, la directora de una agencia de seguridad del Reino Unido, que consigue convencerlo para que se infiltre en la cúpula de Roper y atrapar al villano. Pine, como antiguo soldado, no dudará en aceptar la oferta, aún a sabiendas de que su vida correrá peligro en todo momento, y más si Roper o cualquiera de sus allegados le descubre.
El escogido para dar vida a Jonathan Pine no es otro Tom Hiddleston, un actor que hoy en día está muy de moda, sobre todo por su vinculación al Universo Marvel, pero que tiene una larga trayectoria en la televisión, participando en series de tan renombre como Cranford o Wallander. Quién fuera el que dijera «Hiddleston puede ser Pine», es un genio de los castings, ya que el papel le viene como un guante, ya que consigue dar esa clásica imagen de mayordomo inglés, en el que la educación y la discreción es lo más importante, sin embargo tiene escenas realmente pasionales, en las que demuestra una auténtica gama de sentimientos al alcance de muy pocos. Además —mal que nos pese a los tíos, y para el agrado de la mayoría de chicas—, Tom Hiddleston tiene algo especial que te hace imposible encontrarle un fallo, hoy en día es lo más parecido a la perfección interpretativa que existe.
Algo en lo que es inevitable pensar cuando se está viendo El infiltrado—y más teniendo en cuenta los rumores que han rodeado la emisión de la serie— es lo bien que encajaría Tom Hiddleston en el papel de Bond. En la serie da vida a un auténtico gentleman inglés, que en realidad es un antiguo militar muy duro, que no repara en violencia si la situación lo requiere. Además, una ventaja añadida que tiene Hiddleston respecto a Daniel Craig cuando fue escogido, es que ya tiene un montón de fans —tanto masculinos como femeninos— que les encantaría verlo como el agente 007.
Al repasar el reparto el nombre que más sorprende de todos no es otro que el del villano, Hugh Laurie. Si bien es conocido por su papel de doctor cascarrabias en House M.D., el actor británico tiene un largo currículum cómico, por lo que interpretar el papel de Richard O. Roper, puede desentonar. Sin embargo, si hondamos en el pasado del actor descubriremos que, allá de principios de los noventa, Laurie intentó hacerse con los derechos de la novela de John le Carré, con la clara intención de interpretar el papel de Jonathan Pine. Ahora, cuando ya no encajaría ni queriendo como el joven y atractivo director de noche, Laurie consiguió hacerse con el papel del villano principal, el malvado traficante de armas, y lo cierto es que consigue provocarnos miedo y odio como cualquier malvado que se precie.
En cualquier otra película o serie de este estilo, el peso principal recaería en la espalda de los dos protagonistas principales, en este caso Hiddleston y Laurie, sin embargo El infiltrado es mucho más que eso. Alrededor de los personajes de Pine y Roper revolotean unos personajes secundarios que, aunque a veces parezcan superfluos, en realidad tienen mucha importancia para la trama. Roper, cual rey, está rodeado por una pequeña corte que lo sigue allá donde vaya, formada por su novia, Jed —Elizabeth Debicki (Operación U.N.C.L.E., El gran Gatsby)—, su mano derecha, Corcoran —Tom Hollander (Piratas del Caribe, Un buen año)—, su tesorero, Sandy —Alistair Petrie (Rush, La duquesa)—, y sus guardaespaldas, Michael Nardone y Hovik Keuchkerian. Por su parte, Pine cuenta con la ayuda de Angela Burr —Olivia Colman (Arma Fatal, La dama de hierro)—, el agente americano Joel Steadman —David Harewood (Diamante de sangre, El mercader de Venecia)—, y el secretario Rex Mayhew —Douglas Hodge (Robin Hood, Penny Dreadful)—; aunque también tendrán que enfrentarse a algunos líderes del espionaje mundial como el jefe de la «Casa del Río», Geoffrey Dromgoole —Tobias Menzies (Juego de Tronos, Casino Royale)—, y su ayudante, Raymond Galt —Jonathan Aris (Sherlock, The Martian). Como vemos, un reparto muy británico, pero formado por lo mejor de la televisión y el cine que ha dado ese país, contando con lo que podríamos considerar auténticas estrellas.
Para acabar con el reparto, debemos hacer una pequeña mención especial a los actores españoles Antonio de la Torre, Marta Torné, Gabriel Andreu y Tábato Cerezo, que si bien dan vida a personajes muy pequeños, son cruciales para el cambio de ritmo en las relaciones entre los personajes.
Uno de los pilares en los que se sustenta El infiltrado no es otro que la trama que envuelve a todos los personajes y los lleva a un torbellino de situaciones tensas que pasaran desapercibidas a ojos del Mundo. La maestría de la trama, adaptada por David Farr, se la debemos a uno de los grandes maestros del género de espías, John le Carré, que nos ofrece una historia de intrigas y tráfico de armas, en el que nos veremos sumergidos de la mano de su protagonista, Jonathan Pine, un supuesto y «simple» director de noche de un hotel de El Cairo.
Como a menudo sucede, serie y novela tienen diferencias, pero en esta ocasión se han visto motivados porque, como dice la canción, los tiempos están cambiando. La trama principal no ha sufrido grandes cambios, sin embargo los suficientes como para que los seguidores de Le Carré los puedan notar. Para empezar, y para encuadrar el argumento en la actualidad, Pine trabaja en el hotel del Cairo durante las Primavera Árabe de Egipto, de este modo los realizadores consiguen dar una referencias al espectador para que este sepa en que situación empieza la trama. Siguiendo con el cambio de época y, por lo tanto de estilo, en la novela Roper hace tratos con un cartel colombiano, sin embargo, en la serie, para aumentar el realismo, lo hace con un régimen represivo de Oriente Medio, y aunque no se dan nombres, las referencias al conflicto de Siria, así como a los refugiados que está provocando, son más que evidentes. Como Roper tiene los tratos en Oriente, la localización de su mansión en la novela no encajaría, se situaba en las Bahamas, por lo que, para la serie, la han trasladado a Palma de Mallorca. Finalmente, un cambio que el propio Le Carré admite que le ha gustado y lamenta no haberlo hecho él, es el cambio de sexo de Burr, el personaje interpretado por Olivia Colman, que deja de ser un hombre para ser una mujer embarazada.
Antes de terminar, me gustaría llamar la atención sobre la intro, siendo una de las mejores que he visto en los últimos tiempos, con ese juego entre objetos y armas, casi explicándonos que vamos a ver.
En definitiva, El infiltrado —cuyo título original es The Night Manager— es una auténtica genialidad, tiene lo mejor del cine y lo mejor de la televisión, un gran reparto y la posibilidad de profundizar en los personajes en sus seis horas de duración, permitiendo que sintamos auténtica empatía por Pine y Burr, mientras no hacemos más que comernos las uñas a la espera del golpe final y fatal de Roper. En mi opinión, una obra maestra.

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